lunes 20 de febrero de 2012

HISTORIA INTELECTUAL DE HONDURAS



RAFAEL HELIODORO VALLE

Si ha habido en Centro América un autentico clima de cultura, ello fue antes de la llegada de Colon a las playas de Honduras en 1502. En la América antigua el maya tuvo en Copán su metrópoli poderosa, antes de que surgieran Palenque y Chichén, Uxmal y Tulum; y solo des pues de que Tikal entrase en apogeo y su nombre quedase eternizado en piedras ilustres que la proclaman emula de Copán, unas de las primeras grandes ciudades mayas que ­- según dice Spinden – “tuvieron una existencia larga y gloriosa”. Los escultores y los arquitectos de Copán fueron anteriores a Cristo. Solo para interpretar sus inscripciones y esclarecer lo que dicen sus estelas ha publicado Sylvanus G. Morley un libro hermoso y augusto como un laberinto. Allí campea, fantasma milenario, el dragón bicéfalo que es una de las joyas de la escultura maya. Y todavía tiene validez la carta en que el oidor don Diego García de Palacios, dirigió a Felipe II (8 de marzo de 1576) hablándole de “Unas ruinas y vestigios de gran poblazón y de soberbios edificios, tales que parece que en ningún tiempo pudo haber en ten bárbaro ingenio como tienen los naturales de aquella provincia, edificios de tanto arte y suntuosidad.         
Ya cuando García de Palacios las visitó, Copán estaba en ruinas y cuando el Cacique Lempira hizo de postrer resistencia al conquistador, aquel pueblo de había dispersado. Al aparecer en la escena el español, no hubo drama  económico y social como en el Anáhuac, ni conflicto entre dos culturas. Fue más la discordia entre los nuevos señores que en territorio de Honduras parecieron darse cita desde rumbos diversos, que la resistencia de los caciques aborígenes.
El 13 de septiembre de 1538 arribó al Puerto Cortés el Lic. Cristóbal de Pedraza, quien al año siguiente fue nombrado mediador entre Francisco de Montejo y Pedro de Alvarado, que se disputan la Gobernación de Honduras. El Lic. Pedraza fue el primer Obispo, si bien el segundo que recibió tal nombramiento, y la sede de la diócesis había sido erigido  el 6 de septiembre de 1531, según el cronista Herrera. Fue Pedraza el primer historiador de la tierra conquistada, pues suya fue la “Relación de la Provincia de Honduras e Higueras” que envió al Rey en 1544. En Honduras, como en el resto de la América Española durante el régimen de cuatro siglos la  Iglesia tuvo a su cargo las empresas de la cultura, y de modo especial, cuanto se refería a la educación y evangelización de los aborígenes y de los colonos.
El segundo letrado de importancia que visito el País fue el Lic. Bartolomé de las Casas, quien se presentó en Gracias a Dios (1541) a pedir  a la Audiencia de los Confines  el poyo que se necesitaba para poner en vigencia las famosas Nuevas Leyes; y por ese tiempo estaban en dicha ciudad dos licenciados más: don Alonso de Maldonado, Presidente de la Audiencia, y don Francisco Marroquín, Obispo de Guatemala.
En 1554 ocupó la silla episcopal Fray Jerónimo de Corella, quien había obtenido  licencia para traer de España dos pintores y dos cantores, cuyos nombres nos son desconocidos. Por aquel tiempo ya se habían hecho grandes progresos en la catequización de los indios de México y de Guatemala; pero Honduras no recibía los beneficios de la evangelización. En 1555 la audiencia de Guatemala se dirigió a Carlos y diciéndole: “Los obispados de Honduras y Nicaragua convienen se provean y en nadie mejor que en religiosos que saben las lenguas”. La tarea estaba dignamente reservada a los franciscanos, y así lo prueba la carta que el Provincial, Fray Pedro Ortiz, escribió desde Comayagua al rey: “En los navíos pasados que salieron de este puerto de Honduras el año de 77 dí noticia a V.M. del suceso el viaje que hice con los frailes de que vine por comisario a las provincias de Nicaragua y Costa Rica con el Obispo e ellas (Fr. Antonio de Zelaya, de la orden de San Francisco); dije como por hallar  una carta en esta ciudad de Comayagua, del Provincial de Guatemala, de nuestra orden, que  decía que por  tener V.M. noticia de la poca doctrina que había en la Provincia de Honduras, le mandaba que poblase en ella, yo poblé una casa en esta ciudad, a lo cual me dieron mucho calor y favor el Gobernador don Diego Herrera y los vecinos de la ciudad”; y añadía: “Esta provincia de Honduras tengo noticia que no ha tenido doctrina alguna entre los indios ni hoy la ay sino es en una Provincia de Tencoa donde está poblada unas casas y monasterio de N.S. de la Merced, hace tenido más cuidado de proveer  y dar de comer a clérigos que no de poner doctrina en los indios; es cosa de gran lastima  lo que en esto pasa;  procurare; todo lo que pudiere; poblar casas entre los indios para descargo de la conciencia de V.M. le cuesta tanto nuestra venida. Si yo hallara el calor y favor que hallé en don Diego e Herrera, Gobernador que era de esta Provincia cuando poblé esta casa, fácilmente lo hiciera; más sucedió Alonso de Contreras Guevara en quien ni hallamos calos ni favor, antes todo lo contrario por vías, pero ha de poder más a Dios que el diablo aunque sea a costa de mi trabajo yo haré que el Presidente y Oidores de Guatemala, que son personas de santo celo, nos ayuden y favorezcan tan Santa obra entre tanto que V.M. provee de remedio con la venida de del Obispo que se espera, de que hay mucha necesidad, y si viene frailes poblaré, en los pueblos de españoles donde no hay menos necesidad que, entre indios, de doctrina…”
Testimonios de aquellas labores intrépidas que se prolongan hasta los días próximos a la emancipación son algunas artes y doctrinas que reproducen fielmente la obra de los misioneros que, a pesar de las terribles incomodidades que sobrellevaron, tuvieron tiempo para escribir apuntes que forman parte del rico acervo de la literatura lingüística de América.
La silla episcopal había estado en Trujillo, más tarde en Sonaguera (1558 o1559) y, por último, se trasladó a Comayagua (1561). El obispo Fray Gaspar de Andrade, electo en 1588, obtuvo del rey el envío de 50 pinturas, que de seguro, sirvieron para embellecer su catedral o acaso fueron distribuidas entre algunos templos de su diócesis; y pudo contribuir a la obra civilizadora fundando en Comayagua la Cátedra de Gramática Latina, con 200 pesos de renta anual gracias a la dispocisión que obtuvo de Felipe II (21 e septiembre e 1502)
Otro de los obispos progresistas fue el mexicano Fray Antonio López de Guadalupe, quien asumió el gobierno de la diócesis en 1729; y poco después (1731) patrocino al bachiller Francisco de Santelices, hijo de Tegucigalpa y graduado en la universidad de Guatemala, para que inaugurase su curso de Artes contando con la concurrencia de numerosos estudiantes; organizó el Colegio Seminario con 14 colegiales, que había fundado su antecesor Alonso de Vargas y Abarca, dotándole de la cátedra de Moral; fundo la cátedra de Filosofía, con renta anual de 200 pesos (1733); y por ultimo, la de Cánones, con la suma de 300 pesos (1734).
En las crónicas suenan algunos nombres distinguidos: el franciscano Fray Francisco Andrade, quien dejó nueve tomos de sermones y según el P. Arochena-escribió una disertación apologética sobre los misioneros; el ya mencionado Fray Francisco de Santelices, teólogo erudito que dejo tres volúmenes de escritos inéditos; Fray Esteban Verdelete que presentó al Rey su “Noticia de la Provincia e Tegucigalpa o Teguzgalpa”, el P. José Jiménez, autor de “Principia generaliae totious Sienta Moralis”; Diego López de Orozco, redactor de un trabajo sobre la población  de Trujillo y Santo Tomás de Castilla; Fray Martín de San Antonio Moreno, que en su convento de Tegucigalpa  preparó una “exposición de la regla seráfica”; y Fray Fernando Espino, autor de “Relación verdadera de la reducción e los indios infieles de la provincia de la Teguzgalpa, llamados Xicaques” (1674).´
Pero entre todos los hombres de la letras de la época colonial tres son los más eminentes: Los jesuitas José Lino Fábrega, Juan Cerón y Juan Ugarte; el primero, interprete del “Códice Borgiano” durante su destierro en Bolonia; el segundo, uno de los más unciosos oradores sagrados de su tiempo; y el tercero, una de los civilizadores que, en la Baja California, durante los afanes del santo Salvatierra, fundió campanas, derribó árboles para construir barcos, labró la tierra y fibras, y se cubrió de llagas.
Esos nombres, que son unos cuantos, pudieron brillar en lejanas tierras. La débil luz de las aulas de Honduras era insuficiente para darles solidez intelectual. No había Universidad ni más estudios superiores que los que podía auspiciar la Iglesia o los que podían hacerse en los dos conventos de la provincia. Los jóvenes se veían obligados a trasladarse a las universidades de Guatemala (como José Simón de Zelaya y Juan Francisco Márquez) y de León (como José Trinidad Reyes) o a México para ingresar en el Colegio y Casa de Probación de Tepotzotlán (como Fábrega, Cerón y Ugarte) o para recibir el titulo de abogado (como Juan Fernández  Lindo). La universidad de Santo Tomás de Guatemala se había fundado en  1676 y cuando por Real Cedula de 1772 fue aprobado la erección de un colegio agregado al del seminario de aquella capital, ordenando “que se admitieran en aquel doce colegios indios puros prefiriendo los caciques” proveyéndoles de vestido y manutención, “el Oidor  Gonzáles Bustillo hizo librar los despachos respectivos a Comayagua y Tegucigalpa, de donde se enviaron a publicar a los pueblos; pero no consta que indios de Honduras se hayan acogido a aquella gracia”.
La Provincia hondureña era una de las más atrasadas, si no de la más, en todo el cuadro histórico de la Capitanía General de Guatemala. Aunque era valiosa por su minas, éstas no eran dignas de comparase a las de México o el Perú; su Iglesia contaba con modestísimos recursos; su despoblación, las enfermedades tropicales, lo reducido de sus ingresos, la incuria de sus gobernantes, sus difíciles vías de comunicación, la mantenían alejada del mundo, abandonada a sí misma, a pesar de encontrarse situada estratégicamente en una de las comarcas centrales del hemisferio, henchida de riquezas que más tarde aprovecharía el extraño con técnica y ambición. Si en algún país de América habían de agudizarse la mala política y más tarde el poderío imperialista, a lo largo de los tres primeros siglos que siguieron al descubrimiento, apenas sobresalgan unos cuantos hombres que han podido reivindicarla.
En prueba de lo afirmado, dice Rómulo E. Durón, al hablar del regreso de Juan Lindo (1822), con el nombramiento de Jefe Político Superior e Intendente de la Provincia, que le confirió el Emperador Iturbide: “El  30 (de octubre) se dictó una orden para la apertura de escuelas de primeras letras, a las que deberían asistir los niños desde la edad de cinco años hasta la de catorce sin distinción de clases, pues no las había. El ayuntamiento de Tegucigalpa dispuso enseguida abrir en esta ciudad una escuela de primeras letras, en la que se enseñaría lecturas, escritura, los primeros principios de la aritmética y los rudimentarios de la religión católica, y se darían lecciones de ortografía, de urbanidad y buena crianza, de la Constitución de España, por el momento y de la que rigiera lo sucesivo”.
José del Valle, ilustre hondureño, decía desde Guatemala al Secretario de la Municipalidad  de Tegucigalpa (22 de agosto de 1829) a la que había enviado su memoria sobre Educación: “Deseo que Honduras, donde tuve el honor de nacer, sea el Estado primero por su ilustración y riqueza. Es preciso formar hombres capaces de servir dignamente los empleos. La ineptitud ha sido causa de nuestras desgracias y las de la Republica”.
Aunque en 1660 había sido introducida la imprenta en Guatemala, fue hasta marzo de 1829 cuando se instaló en Tegucigalpa, habiéndola comprado el General Morazán, Presidente  de Centroamérica, a don Santiago Machado, y al año siguiente fue posible el primer periódico: “Gaceta del Gobierno”. Morazán conocía muy bien la situación ignominiosa porque atravesaban los niños y jóvenes hondureños; ya que él había sido uno de los 23 alumnos de la cátedra de Gramática Latina, en 1804, gracias a los empeños del guardián  del Convento de San Francisco, el guatemalteco, Fray Santiago Gabrielín, que fundó Fray José Antonio Murga; pero el plantel hubo de suspender sus labores al cabo de un año, porque Gabrielín fue sustituido por el retrógrado Fray Andrés López, quien se opuso a que se diera tal enseñanza. Después de aprender, en lo privado, los rudimentos en la lectura, la escritura y la aritmética, el joven que deseaba aprender algo de caligrafía y eso hubo de hacerlo Morazán –tenía que acudir a la oficina de algún escribano, y si no contaba con facilidad para ir a León o a Guatemala, no le quedaba más recurso que leer por su cuenta los libros que, venciendo los obstáculos de la pésima transportación, podían llegar a la provincia a través de la colonia inglesa de Belice. En el Estado actual de las investigaciones históricas, no se sabe de algún joven hondureño que haya ido a educarse a La Habana o se haya atrevido a viajar hasta Madrid. Son contados aquellos que, como Dionisio y Próspero de Herrera, lograron saciar su curiosidad de lecturas modernas y aprendieron a leer en inglés y francés.
             

LA FIGURA  PATERNAL DE JOSÉ TRINIDAD REYES

Hay una luz de oro en medio de aquella noche sombría que ilumina con sus brillos amorosos la tierra de Honduras: José  Trinidad Reyes, franciscano del Convento de la Recolección de Guatemala, exclaustrado por la liberación liberal de 1829 y reintegrado a su terruño, en la plenitud e su energía, con ímpetu extraordinario para hacer el bien y, sobre todo, para derramar a manos llenas la sabiduría fecunda. Bien vale en su elogio reproducir lo que escribió el doctor Enrique Hoyos: “El Dr. Reyes era sin disputa una de las notables ilustraciones de Honduras. Teólogo consumado, orador elocuente, poeta y músico, reunía a estas eminentes cualidades una conducta intachable, una caridad acendrada y una humildad tanto más digna a la alabanza cuando mas elevado era el carácter moradle aquel virtuoso sacerdote, versado en la Escritura Sagrada, en los libros de los  Santos Padres, en la historia de la Iglesia y en la de los Concilios, su saber en las ciencias eclesiásticas era grande, y esto contribuía sin duda a la facilidad con que predicaba, a la abundancia y a la fluidez de su estilo que era llano, es verdad, pero claro y nervioso. Los clásicos antiguos le eran familiares, y sus conocimientos en la bella literatura francesa y española, revelaban largos y fructuosos estudios sobre humanidades. Versificaba con admirable facilidad y con pureza. El carácter dominante de sus composiciones era el jocoso, y se dedicaba mucho al género pastoril. Vivirán mucho tiempo en la memoria de los tegucigalpenses las pastorelas del Dr. Reyes, y aquellos picantes y salerosos villancicos en los que proporcionando diversiones, entre el agradable concierto de una música armoniosa (regularmente de su propia composición), solía mojar su pluma en el satírico tintero de Juvenal para corregir las costumbres poniendo en ridículo los vicios morales y sociales al son del tamboril y del rabel”.
  José Trinidad Reyes unió su nombre a la de falange de los civilizadores apostólicos, que en un medio tan áspero, tan desalentador, continuamente amenazado por la guerra civil, logro dejar huellas que engrandecen cada día más su gloria: llevó a Tegucigalpa el primer piano, escribió el primer libro de texto –Lecciones de Física-. Fundo la Universidad, compuso varias misas y villancicos, escribió 12 pastorelas que le sirvieron de vehiculo poderosos para transmitir ideas  y emociones en una Arcadia llena de odio, de sangre y de infelicidad, y sobre todo, para hacer en las almas, como en la alborada de la evangelización, se amansaran las fieras.
A iniciativa de Reyes la Asamblea el Estado decretó (29 de abril de 1834) el establecimiento en la capital de una escuela de música, cuyo maestro tendría el sueldo de 500 pesos anuales, que se tomarían de la cuarta parte de los diezmos asignados para el Cabildo y fábrica de la Catedral y en la que debían admitirse a todos los jóvenes que desearan aprender.
“Si se presentase algún músico científico –decía su moción –que se encargara de enseñar su facultad, seria dotado con la renta de 1500 pesos, que se le pagaría en moneda de oro”.
En 1840 don Victoriano Castellanos, propietario de minas de oro y plata en le Departamento de Copán, hizo llegar de Londres un molino hidráulico de amalgamación, y para poder trasladarlo de Omoa al ultimo lugar de su destino establecerlo convenientemente, solicito auxilio del Gobierno, al que hizo la promesa de que “los dos ingenieros  que trajo para montar la fabrica y dirigirla, y enseñaran a manejarla a los hijos del país, que con tal objeto se le presentase, a quienes mantendrían de su cuenta”. La Asamblea de Estado acordó proporcionar al señor Castellanos los auxiliares que pedía y dio orden para “que de cada departamento de la Republica se enviase un joven as recibir la enseñanza ofrecida”; pero tal proyecto se derrumbo  porque debido a la falta de comunicaciones fue imposible-ni aun empleando titanes- trasladar las piezas del molino.
En ese medio asfixiante, el Padre Reyes hizo lo que pudo; luchó contra los más penosos contratiempos; y se elevó a la altura del héroe, ganándose merecidamente el titulo de benemérito de la Patria, que bien merecía por su obra de pacificador en su ardua lucha por la dignificación del hombre, acercándolo a las fuentes claras de la belleza, señalándoles nuevas rutas, poniendo cátedra de cortesía y de la limpieza mental. Su obra, profundamente humana, le da derecho a que se le incluya en la nomina de los civilizadores, de los que –como dijo Celeo Arias en loor de un soldado pundoroso-pasaron por la tierra “sin llevar las sombras del mal en la conciencia”.
 Para recalcar los colores que Honduras ofrecía a mediados del siglo pasado, en lo que se refiere a la educación popular, basta releer lo que en 1842 decía el Presidente Ferrera en su mensaje al Congreso Nacional: “Es una necesidad incuestionable el establecimiento de un Colegio Universal, o Cuerpo De Maestros Y Profesores, y para conferir los grados respectivos en cada facultad: yo deseo que el decretar y reglamentar esta interesante Corporación sea una de vuestras tareas, no obstante las profundas meditaciones que necesita por falta de hombres instruidos y de caudales que padece el Estado”.
Pero la hazaña más relevante del Padre Reyes fue la fundación de la Universidad de Honduras, que tubo su origen en la “Sociedad del Genio Emperador y del Buen Gusto”, (14 de diciembre de 1845), siendo con el los fundadores los jóvenes Yanuario Girón, Máximo Soto, Miguel Antonio Róbelo y Alejandro Flores. Deseaban una Academia en la que pudiesen enseñar Latín y Filosofía, y  nombraron Rector a Reyes, quien pronunció el discurso inaugural: “Unos jóvenes que, uniendo sus talentos una infatigable aplicación al estudio, han merecido los honrosos títulos literarios con que les condecoro la Universidad de León de Nicaragua, consagran hoy a la patria sus tareas y vienen a pagarle las primicias de sus luces, haciéndole un servicio de clase superior a la de cuantos pueden prestarles sus amantes hijos. Su misma ilustración se les ha hecho conocer que las  ciencias contribuyen sobremanera, a hacer felices a los hombres y a los pueblos, y que, en los países donde por fortuna se han adoptado los principios democráticos, son de absoluta necesidad; y he aquí el don precioso que vienen a ofrecerle. Ven la falta de establecimientos de enseñanza; advierten, no sin dolor, que en Honduras las ciencias están bajo los pergaminos y capillas, y no pueden ser indiferentes al malogro y desperdicio de talentos privilegiados que se quedan sin cultivo, cuando debieran ser la honra de la Patria”.
En aquel establecimiento particular que bien pronto cambió el nombre por el de Academia Literaria de Honduras (1846), Reyes enseñaba la cátedra de Física y Matemáticas, Soto la Filosofía, y Girón y Flores la de la Gramática Latina.
“Apreciando el buen éxito de los trabajadores de la Academia-escribe el Dr. Rosa-el Padre Reyes propuso a la Municipalidad de Tegucigalpa que solicitase al Gobierno Supremo la autorización debida, para elevar el establecimiento, que tenia carácter privado, al puesto oficial de Universidad”.
Hubo oposiciones, como sucede, casi siempre, cuando se trata operar adelantamientos sociales que chocan a los bien hallados con el atraso, quienes ven, en el movimiento y la luz de una transformación, la perdida de las ventajas que creen proporcionarles la quietud del estacionamiento y  la obscuridad de  la ignorancia.
Más triunfo la grande iniciativa de Reyes:
La Municipalidad presentó su solicitud, y el hábil político, Jefe del Estado, el Dr. Juan Lindo, que también fundo la universidad de El Salvador, expidió el correspondiente decreto de autorización:
“El memorable día 19 de septiembre de 1847, en la iglesia de San Francisco de esta ciudad, se inauguró con público regocijo, la Universidad de Honduras. Presidieron actos tan solemne el consabido Jefe de Estado, Dr. Juan Lindo, y el señor Obispo don Francisco de Paula Campoy y Pérez; asistió todo el vecindario distinguido de la ciudad, y se pronunciaron oportunos discursos por el señor Lindo, y el señor Obispo don  Campoy, el Rector y algunos de los catedráticos. Al siguiente día de la inauguración, se graduó de Bachiller en Filosofía el joven Sinforiano Robelo: obteniendo el primer titulo que extendió la naciente Universidad. Al Padre Reyes corresponde la alta honra el fundador de la Universidad hondureña, pues a su iniciativa, afortunadamente hecha y dichosamente realizada, se debió su establecimiento. Fue también el autor de sus estatutos que han regido, con algunas modificaciones hasta la publicación del nuevo Código de Instrucción Publica. Si Reyes hubiera vivido largos años, habría  recibido la grata y cumplida recompensa, viendo los opimos frutos de su obra civilizadora. De la Universidad  han salido concluyendo o no sus estudios en ella, Máximo Soto, el medico legalista de Centro América; Yanuario Girón, aventajado teólogo; Samuel Escobar, brillante orador sagrado; Celeo Arias, Valentín Durón,  Crescencio Gómez y Vicente Ariza Padilla, jurisconsulto de primer orden; Adolfo Zúniga, publicista y escritor sobresaliente; Julio Contreras, filosofo elocuente y humanista; Rafael Alvarado Manzano, jurisconsulto  y doctor educador; Juan Ramón Reyes inspiradísimo; Álvaro Contreras, tribuno y periodista, el mas fecundo de América Central, y varios otros de distinguido merito, que seria prolijo nombrar en esta ocasión. Lastima grande que, debido a las ideas de la época y a los escasos elementos de la Universidad, no hayan salido de su seno geógrafos, historiadores, físicos, matemáticos, naturalistas, economistas, y estadistas, de que tanto necesita Honduras para que alcance a comprender sus verdaderos intereses materiales y morales”.
    El mas justo elogio hizo Rosa al decir: “Reyes tenía las más variadas y sorprendentes facultades. Era filarmónico, y, en Tegucigalpa, la población más culta de Honduras, no había un piano; y el introdujo el primer piano. Era escritor, y no había una imprenta, y el introdujo la primera imprenta llamada de “La Academia”. Era literato, y no había una biblioteca; y el fundo la de la Universidad. Era entendido en astronomía, física y química, y no había elementos, ni aun rudimentales, para un observatorio, para un gabinete  de física, y para un laboratorio de química. Reyes se encontraba en el vacío. Suplían el aristocrático piano, la popular guitarra; a la imprenta, los manuscritos de pésimos pendolistas; a la biblioteca, unos pocos y maltrechos libros que eran antiguallas en la Europa moderna; a los telescopios, los ojos del observador que veía los astros con el argumento de la luz de su alma; a los instrumentos de física, las fuerzas del empeño del trabajador que estudia y a los experimentos químicos, hechos por los procedimientos modernos, las observaciones empíricas sobre la composición y la descomposiciones de los cuerpos”.
En la Universidad los jóvenes recibían la educación secundaria y estudiaban después “La Gramática Latín por Lebrija, las Oraciones por Corcuera y Clarte y al Curso de Filosofía  Elemental del Padre Balmes”.
En su informe a las Cámaras Legislativas decía el optimista Ministro de Estado y del Despacho General, Lic. J. Francisco Zelaya: “Se va generalizando en el Estado la educaron primaria, que es la base de la secundaria o superior. Con este objeto ha dictado el Ejecutivo diversas soluciones que producen muy buen efecto en casi todos los departamentos. Se han establecido muchas escuelas de primeras letras y de su estado informan cada tres meses al Ministro de Jefes Políticos, remitiendo colecciones de planas escritas por los alumnos, que acreditan sus adelantos. Estos serian infinitamente mayores si dotándose bien a los preceptores se dedicaran a ser los hombres aparentes por su conducta y conocimientos; mas con los reducidos sueldos que se dan no es presumible quieran serlo aquellos que era de desearse, y he aquí la causa eficiente del pequeño progreso que se nota en la instrucción primaria”. Y agregaba: “En esta capital esta establecida la  Escuela Normal bajo el nuevo sistema de enseñanza mutua sus progresos deben ser a proporción de la facilidad y método correcto con que se enseña a la juventud, tan luego como se establezca la contribución del Censo territorial decretado por el Gobierno se generalizara aquella enseñanza en todos los departamentos porque la tercera parte de su producto esta señalándolo a aquel objeto”.
En su mensaje de 1857 el Presidente Guardiola dijo: “La Universidad continúa difundiendo luces en proporción  a su recursos y de la infancia que se halla; sin embargo, como se nota una carencia absoluta de cátedras de Medicinas y ciencias accesorias, seria muy conveniente la organización de un protomedicato, como fundamento de estas. Hay en el Estado numero suficiente de profesores para darle ser y estabilidad y para remediar los frecuentes abusos que se cometen en el ejercicio de estas facultades”.
Entrando la escuela primaria seguí en el más cruel abandono, sin brújula, sin las menores preocupaciones por resolver  el más urgente problema de Honduras. Un testigo presencial: José Antonio López G., apuntó en sus memorias de aquella época: “No había escuelas publicas y los niños aprendíamos a leer el catecismo e Ripalda, en las escuelas particulares, como las de las Borjas. La escritura, la aritmética, la gramática latina por Lebrija, y la filosofía de Balmes enseñaban los dos o tres individuos que tenían fama de sabios. La Universidad estaba recién fundada, haciéndose todavía algunos doctores por acuerdo gubernamental. Los únicos que habían tenido alguna preparación, y que habían recibido en realidad grados universitarios fueron, según creo, el mismo Padre Reyes y D. Máximo Soto, quienes habían seguido un curso regular de estudios en Guatemala y en la ciudad de León... No había más que un solo periódico e toda la República, La Gaceta Oficial, que publicaba las disposiciones del gobierno y uno que otro verso detestable. De libros no hay que hablar. Fuera e las novelas y de las vidas de los santos, apenas se conocían otros”.
Esta semblanza e la educación publica viene a coincidir con la que dejo el Dr. Alberto Membreño en una pagina memorable: “Aunque la población de Tegucigalpa en 1868 ya era considerable, no tenia mas que una escuela e varones. No se a que atribuir esta falta de planteles para educar a la niñez, si a lo exiguo de los fondos públicos o a descuidos de nuestros mayores. Cuando todas las naciones de América habían entrado en las vías del progreso, la desgraciada Honduras, allá encerrada en sus montañas, caminaba a paso lento, ajena al movimiento moderno”. Y añade Membreño  quien en la primaria – con duración de tres años – los encargados de enseñar a los niños enseñaban a la Cartilla de San Juan, el catecismo de Ripalda, la Moral de Escoiquiz, La Aritmética, La Gramática, La Caligrafía y la Urbanidad.
En 1866 se promulgó la Ley de Enseñanza Primaria; y el 30 de octubre de 1869 fue  establecida  la Dirección de estudios y Fondos en los colegios departamentales, y se ordenaba que en cada cabecera hubiese una junta de instrucción pública, formada por el gobernador, el intendente, el cura, el alcalde y dos vecinos electos por estos; y se establecía el impuesto de un real por cada res destazada en negocio en cada pueblo o lugar de los departamentos y que será recaudado por la municipalidad y remetido a la junta.
¿Cuáles podrían ser los frutos de tal ley, si los encargados de dirigir la educación popular, en su gran mayoría, ignoraban los rudimentos de las letras y las ciencias? Alcaldes analfabetas, gobernadores que habían llegado a encumbrarse en las volteretas de la guerra civil, y entre todos ellos, el único mediamente  preparado, el cura, que había leído algunos libros, peor que desconocía la ciencia de la educación. Durante el régimen  del Presidente Joaquín Rivera fueron enviados a Guatemala varios jóvenes para que estudiaran en la Escuela Normal Lancasteriana; pero se desconoce hasta hoy lo aprendieron y si regresaron a Honduras a prestar servicios. Los desordenes demasiado frecuentes, la pecuaria del estado, la carencia de hombres aptos en el poder, malogran las tentativas mas generosa; y el hondureño seguía, sumido en el letardo mas profundo, a la sombra de su cielo azul y sus pinares, perdida de toda esperanza de redención  por quienes anhelaban que le país se incorporase, no solo oficialmente, a la civilización.
Si la Universidad atravesaba por la desventura ominosa ¿Cuál seria la situación de la escuela primaria? En el presupuesto de 1870, el Rector de la Universidad aparecía con un sueldo mensual de 30 pesos y el secretario con 12.  Había catedráticos de Cánones, Matemáticas, Derecho Civil, Filosofía, Latinidad, Idiomas y Gramáticas Española. El 15 de septiembre de 1875 el Ejecutivo expidió el reglamento de instrucción primaria; pero el desorden continuaba en la vida pública, seguían la inseguridad y el sobresalto, se agudizaban los oídos y la sangre humana saturada de púrpura la tierra del Padre Reyes.


PARENTESIS DE AURORA

De pronto hubo un clamor de luz; amaneció el 27 de agosto de 1876. Honduras despertaba de terrible pesadilla. Dos jóvenes ambiciosas de grandeza aparecieron en el escenario político: Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, que llagaban de Guatemala- en donde habían hecho sus estudios universitarios-con nuevas ideas y, sobre todo, con programa reformador. La revolución liberal de 1871, en que sobresalían como corifeos Miguel García Granadas y Justo Rufino Barrios, golpeaba impaciente las puertas del sur de Honduras. Con ella se abría  un nuevo capitulo en nuestra historia.
Marco Aurelio Soto gobernó desde aquel día hasta el 27 de agosto de 1883. Nunca en un lapso igual se hizo tanto por el progreso del país y, sobre todo, por la creación de la conciencia nacional. Soto organizo la hacienda publica y el servicio de correos, introdujo el telégrafo, separo la Iglesia del Estado; estableció la enseñanza laica, gratuita, obligatoria y libre; fundo el Colegio Nacional para la segunda enseñanza y el bachillerato en ciencias y letras (15 de agosto de 1878), la Universidad de Occidente en Santa Rosa de Copán (23 de abril de 1879), y el Archivo  y la Biblioteca Nacionales (27 de agosto de 1880); dicto los Códigos Civil, Penal, de Procedimientos, de Comercio, de Minería y de Instrucción Publica(31 e diciembre de 1881), fundo la Universidad Central (26 de febrero de 1882) con las facultades de Derecho y Ciencias Políticas, de Ciencias y Medicina; estableció  las escuelas de niñas y el primer colegio de estudios superiores para señoritas; y  encomendó al Dr. Rosa la redacción de los bocetos biográficos de José del Valle y José Trinidad Reyes, erigiéndoles monumentos, lo mismo que a los generales Francisco Morazán y Trinidad Cabañas.
El Archivo Nacional se formo con los papeles del Estado que estaban en Comayagua, y-como escribió su primer director el Dr. Antonio R. Vallejo- aquellos “montones de papeles en el mayor y mas completo desorden”, fueron llevados a Tegucigalpa, la nueva capital, y se formo el índice que abarca de 1600 a 1884, constando el  archivo de 2158de tierras, 300 colecciones de periódicos y 162964 documentos útiles en 4419 volúmenes, que eran el residuo de los saqueos durante las guerras civiles, y especialmente del incendio de Comayagua en 1873.
 Decida fue la protección que el régimen  de Soto dio a la educación publica , a los hombres de letras y a  todo lo que entrañaba progreso. “Tenemos ya en el país los instrumentos y útiles  para plantar un completo gabinete de física  y un laboratorio de química, mapas, esferas e instrumentos matemáticas  para      la segunda enseñaza, e  instrumentos y aparatos suficientes para  la enseñanza especial de la medicina y para el aprendizaje practicote Historia Natural en sus diversos ramos”, decía Soto al Congreso Nacional en su mensaje de 1883.
 En aquella  época Tegucigalpa era el centro de las actividades renovadoras, a cuya  vanguardia  iban el mismo Presidente Soto, Ramón  Rosa, Adolfo Zúniga, el poeta cubano José Joaquín  Palma y quien seria  mas tarde  Presidente de Cuba, don Tomas Estrada Palma, organizador del servicio postal; surgieron brillantes promesas literarias como Manuel Molina Viril, Alberto Ucles y Ramón  Reyes; y se concedieron becas a los mejores jóvenes del país que deseaban seguir estudios profesionales.
Es pues del triunvirato que sucedió en el poder a Soto, fue elevado al solo solio el General Luís  Bográn, quien gobernaría del 30 de noviembre de 1883 al 30 de noviembre de 1891. Fue en su tiempo cuando se llevo a cabo el primer censo general de la Republica (1887), se fundo la Academia Científica-Literaria de Honduras (8 de abril de 1888), que volvería a reorganizarse el 25 de septiembre de 1915; se publico el “Primer Anuario Estadístico  de Honduras” (1889), por el Dr. Antonio R. Vallejo, cuyos antecedentes se hallan en el primer censo de diócesis levantado por el Obispo Fray Fernando Cariñanos (1791) y por el “Resumen Estadístico, Corografito, e Histórico del Departamento de Gracias” (1834)por José Maria Cacho; y se contrataron los servicios de varios profesores españoles (1890).
El 20 d julio de 1891 el gobierno concedió al Peabody  Museum de Cambridge, Mass., el derecho e explorar y excavar por diez años las ruinas  de Copan y otros lugares del país, concediéndoles la mitad de las pieza de arqueológicas  que descubriese durante ese periodo. Ya desde el 28 de enero de 1845 las ruinas arqueológicas habían sido puestas bajo la protección  del Estado; el 15 de mayo de 1898se expandiría y el 4 de abril de 1900 se prohibiría la exportación de reliquias arqueológicas  y se ordenaría la explotación y estudio de las ruinas, mediante la autorización del Ejecutivo.
Durante la administración de Bográn hubo una sección  normal en varios de los institutos de la enseñanza preparatoria; pero fue hasta 1903, siendo Presidente Manuel Bonilla, cuando se fundo la primera Escuela Normal de Varones, que dirigió el eminente Pedro Nufio.
En Honduras se necesitan mas médicos que viajen por el extranjero, mas técnicos de ciencias aplicadas, economistas, agrónomos, maestros de escuela que no tenga sueldos de hambre, organizadores de los servicios públicos, ingenieros de minas, nutriologos, biólogos, que forman el inventario de los tesoros naturales. De 1883 a 1912 la Universidad produjo 264  licenciados  y entre ellos muchos han sido  perturbadores del orden social especialistas en ciencias ocultas.
Tal es el panorama de un país que ha sabido demostrar que lleva en su seno esencias vitales y ha dado a Centroamérica personalidades eminentes-aunque contadas-en las letras y en las ciencias, y contadísimas en las artes. Dentro de este cuadro fulguran algunos valores que pues en ponerse en digno parangón con los de otras tierras americanas, y a demostrarlo contribuirán las enumeraciones y apreciaciones que van en este discurso. Esos nombres salvan, en la historia de la cultura en Centroamérica el nombre de Honduras, y son una invitación a las nuevas generaciones que deseen inspirarse en el ejemplo que todavía ofrecen.



LOS EDUCADORES

Los grandes hombres que han vivido en un medio tan humilde son los educadores. Habría de ser el elogio, en primer termino, de los misioneros que enseñaron las primeras nociones del cristianismo a los indios y a otras gentes. Algunos sucumbieron a manos de los salvajes, y sus nombres son, ante todo, de franciscanos. Otros recogieron materiales para la historia de la lingüística, para el mejor conocimiento de la flora medicinal, datos preciosos para el folklore y no pocos para la antropología. En esa labor la ayudaron sus hermanos del resto de la Capitanía de Guatemala. No mientras no se hagan exploraciones en los archivos de Guatemala, México  y España; y esas investigaciones  habrá que sacar a luz aquellos procesos del Tribunal del Santo Oficio, en que abundan noticias fundamentales para la historia de la cultura y no pocos tesoros (como los paquines en verso) que están dispersos en las montañas del papel. Ciertos nombres e misioneros e Honduras aparecen en la bibliografía mexicana e Beristain y Souza; peor son insuficientes para interpretar los afanes de las ordenes religiosas en aquellas media noche que comenzó a sentir impaciencias de aurora cuando apareció en escena el ilustre sabio y maestro Dr. Fray José Antonio de Liendo y  Goicochea quien estuvo catequizando en las montañas e Asalta y de quien su discípulo José del Valle dijo en elegante panegírico: “Semejante a los sacerdotes de los celta  y  de los de es citas que buscaban Filosofía en los bosques y montañas, superiores a ellos en conocimientos y con miras mas grandes, hizo viaje a nuestros montes de Agalta”.
Cristóbal Martínez Puerta, Liendo de Goicochea (1735- 1814), Manuel Subirana (muerto en 1867) construyen la Trilogía en que el ultimo logro sobresalir como pacificador de los indios jicaques y payas. Pero su esfuerzo, así como el e otros educadores que trabajaron en la ciudades, careció el ritmo sin  interrupción, porque las guerras  civiles, los gobernantes iletrados y atrabiliarios, no le permitieron gozar su cosecha; y lo que fue para ellos un jardín en que habían lograda  aclimatar nuevas ideas y nuevas emociones como flores finas que exigían el diario cultivo volvió a convertirse en míseros eriales:… Si eso no hubiera sido, el problema de la educación pública ya estaría resuelto.
Los Franciscanos que enseñaron el latín a los jóvenes que tenían hambre y sed de saber en la desventurada provincia de Honduras ¿Qué podrían hacer si no contaban con estimulo para redimirla, llevándolos  mas allá el conocimiento el Nebrija? Mientras el Padre Reyes vivió, pudo hacer muchos para que algunos  jóvenes recibieran las noticias elementales el mundo que les hacia señas desde Europa y también los fulgores de “La santa consoladora Poesía”.  Escribe  Ramón  Rosa: “Reyes no solo era el verdadero padre de los necesitados, sino también el prudente consejero de las familias. Además, como hombre ilustrado, se oponía siempre a las ideas y preocupaciones del pueblo, hijas de la ignorancia y el fanatismo.
No garantizaba: moralizaba e ilustraba. De esta conducta dio pruebas, evidentes y repetidas, aun en los momentos de publica tribulación. El 20 de enero de 1835, llamado vulgarmente “el año el polvo”, ocurrió que, de repente, se oscureciera el sol, se sintiera horribles sacudimientos de tierra, ya de oscilación, ya de trepidación, y se oyeran retumbos prolongados y pavorosos, que semejaban truenos ensordecedores de una tempestad desecha. La luz se extinguió por completo,  a causa de una abundante lluvia de polvo que caía sin cesar al grado de que para ver las personas, de cerca se acudía “hachones de ocote”, o a velas que de pronto se apagaban. El pueblo consternado, sintió los terrones del siglo X; creyó llegado el Juicio Final, y hombres y mujeres, ancianos, y adultos y niños, a voz en cuello, hacia pública y general la confesión de sus culpas. Así   lo creían, también, los sacerdotes, que oían, en desorden, a sus aterradores penitentes. Pero Reyes, sacerdote que sabia física  y geología, logro devolver al pueblo la calma, impidiendo las generales y publicas confesiones. A todos decía: “No os aflijáis, ni deis escándalos; no es Día del Juicio: un volcán cercano ha hecho erupción; el peligro ha pasado, y el polvo dejara de caer dentrote poco tiempo”, Reyes era un oráculo para su pueblo, y este creyéndole, dejo de creer en el Juicio Final y de decir a gritos sus pecados. A poco se confirmo, los hechos, el dictamen del hombre de ciencia. El polvo fue disminuyendo, una pálida luz fue alumbrando, y a los tres días el sol apareció  en todo su esplendor. Es pues se supo que había hecho erupción  el volcán  de Cosiguina, en la costa del Pacifico del Estado de Nicaragua, limítrofe del de Honduras. ¡Cuánto afligen la ignorancia y el fanatismo religioso! ¡Cuánto consuela y fortalece la ciencia!
De Reyes, maestro insigne, habría que decir que llevaba una llave de oro para abrir almas y que su mejor pedagogía fue la del canto. Hubo de vivir en una época reteñida de sangre, sonora e alaridos humanos y de toques de somaten, y al morir, unas cuantas e sus semillas espirituales cayeron en nobles surcos: Máximo Soto, Ramón  Rosa, Maria Francisca Reyes del Palacio. Larga noche, horrenda noche de Honduras, e 1855 a 1876. Los indios desmelenados y los sargentos furiosos: Calixto Váquez el “corta cabezas”, Serapio Romero el  “chinchonero”, José Maria Medina, Longino Sánchez, obligaban a los preceptores de primeras letras a despedir a los niños cada vez que, al son de las campanas, en los hogares trémulos estremecía los corazones impávidos el grito de ¡Los indios!¡Los indios!
Siete años de alba en la que la sangre fue reprimida y el caudillaje tubo que esconder la cabeza, fueron los el gobierno del Dr.  Marco  Aurelio Soto (1846-1908), universitario distinguido, ex -Secretario de Relaciones Exteriores y e Instrucción Publica del gobierno reformador de Guatemala, que había sido también Secretario de la Sociedad Económica y Sindico el Consulado e Comercio. Hombre civil, de dotes admirables para el mando, fue la mejor  demostración de que son los preparados los que pues en organizar la Republica, purificarlas, darles un programa. Soto busco sus colaboradores entre los hondureños mas capaces y supo dar protección a los valores intelectuales y a los hombres de estudio y e trabajo. Pero si dio preferencia a las obras materiales, abriendo cauces a la actividad, modificando a la estructura económica del país, su mas vivo afán fue el e poner en manos del maestro de escuela de salvación de este, respetar los fueros de la inteligencia, estimulara los jóvenes que necesitan la palabra halagadora, pero a tiempo. Entre los educadores de aquella época resplandecen los nombres que la gratitud ha perpetuado en bronce: los de Maria Francisca Reyes de Palacio, primera directora de la escuela superior de señoritas, José Jerez y os cubanos Francisco de Paula Flores (murto en 1891) y Tomas Estrada Palma.
Bajo la administración de  Bográn  fueron contratados los  profesores españoles Arturo Morgado y Calvo, Juan Guillen y Ruiz Andrés López M. y Benítez Antonia Garbo y Montardo, Juan Lamas Basso, Salvador Rodríguez  y Sánchez, Francisco Cañizares y Mollano, Tomas Mur , Ciriaco Carcillan y Galicia, el doctor en Ciencias Manuel Montorio y Pérez, el Licenciado en Filosofía y Letras Robustiano Rodríguez Hernández y Francisco Martos  de la Fuente.  
Fue entonces cuando empezó, ese su modesto colegio de Danli, su tarea magnifica don Pedro Nufio, el maestro que entrego más  de un cuarto de su existencia  a su auténtica vocación de maestro. Su figura esta rodeada e fulgor. Sabía profundamente  y sabia enseñar como pocos maestros de la América española. A una cultura siempre renovada, que la permitía conocer  los últimos progresos de la ciencia, unía extraordinaria capacidad para construir los instrumentos que le permitían redondear sus explicaciones. Catedrático que conocía la Mecánica, la Electricidad, la Fotografía y el Dibujo; varón en cuya limpieza moral se veían sus discípulos como en un espejo, logro realizar uno de sus sueños cuando se inauguró en Tegucigalpa la Escuela Normal e Varones. Dominaba sus oficios; tenía la humildad  el verdadero sabio. Su Cátedra  de Física era fascinante.
Entre los maestros que recibieron educación en el Instituto Pedagógico de Santiago de Chile, dos se consagraron totalmente a su ministerio: Pedro P. Amaya y Luis Landa, y hay que hacer mención de otros que han brillado en la cátedra universitaria como en un dolió: Rafael Alvarado Manzano, José Maria Gonzáles y Marcos López Ponce; Miguel Ramírez Goyena, el sabio nicaragüense que enseñe Botánica. Y mas tarde el chileno Manuel Soto organizo las escuelas primarias bajo el régimen de Bertrand; su compatriota Orfilia Lagunas Vargas, dirigió la Escuela Normal de Señoritas; y los guatelmatecos  J. Inocente Orellana, Samuel Guevara, Julio C. Cordero y Manuel Saravia, que ocupan el sitio de honor en el mismo ambiente en que han sabido distinguirse Ernesto Fiallos, Esteban Guardiola y Félix Salgado.
La ultima nota que ha venido a enaltecer este capitulo de historia corresponde a la Escuela Panamericano  de Agricultura que se ha fundado cerca de Tegucigalpa, bajo la dirección del distinguido especialista en botánica tropical Mr. Wilson popenoe, con el dinero proporcionado por la United Fruit Company.


ALGUNOS ESTUDIOS

En esta semblanza deben ser mencionados aquellos hombres de ciencia que podrían incorporarse a la obra hispanoamericana: José Gimbert, José Lino Fábregas José del Valle, Francisco Cruz y Luis Landa.
Gimbert, valenciano, de la orden franciscana, autor de “Virtudes de las Hierbas de Honduras”, fue guardián del convento de Granada en Nicaragua y “excelente medico de indios” (Beristain).
José Lino Fábregas, nativo de Tegucigalpa y Jesuita de Tepotztlan, en México, es el autor de la “Interpretación del Códice Borgiano” editado por Lord Kingsborough, mas tarde por el Duque de Loubat y también por el Museo Nacional de México (1900). Dice Chavero: “Al hacer Fabregas la explicación de este Códice,  sorprendió ciertamente muchos de los portentosos secretos de los mexicanos, que tanto asombro pusieron en el animo del Barón de Humbolt. No hizo lo mismo en la parte teogonica, pues tiempos fueron los suyos en que se podían desprender los escritores de las preocupaciones religiosas, que los llevaban fatalmente a buscar en todo concordancia con el relato bíblico. Además, la ciencia analítica de las mitologías no se había desarrollado  por entonces; ni tuvo aquel interprete mas objeto que la exposición de la cronología, consignada en los jeroglíficos de este Códice”.
José del Valle (1777-1834) es la más alta personalidad intelectual en la historia de Honduras. Educado en la Universidad de Guatemala, ocupo cargos distinguidos, bajo el régimen español, desde el Asesor del Real Consulado hasta Auditor de Guerra; redacto el Acta de Independencia de Centro-América; paso a  México a ocupar una curul e Diputado en el Congreso del Imperio y en el sobresalió por su sabiduría y elocuencia, llegando  a  ser  Secretario de Relaciones Exteriores. A su regreso a Guatemala el resto de su vida transcurrió entre las turbulencias de la política y las dulzuras del retiro en su biblioteca. Fue el hombre de estudio mejor preparado, mas al día, que hubo en su tiempo en Centro América, y su curiosidad le sometió a numerosas disciplinas: la economía, las ciencias políticas, la sociología, la biología, el periodismo. Había recibido la influencia mental de José Antonio de Liendo y Goicochea, el reformador de la enseñanza universitaria; y además  de poseer las dotes de estadista, se preocupo, singularmente, por el estudio de la realidad americana, por el mejoramiento científicos de los desheredados, y, sobre todo, por la suerte del indio, y anticipándose a otros pensadores de este continente, hablo de la necesidad de una confederación de las Republicas americanas y que se organizara una expedición  científica en la cual todas ellas cooperaran, sostuvo correspondencia con Jeremías Bentham, sus anticipaciones sobre muchos de los temas agudos de nuestro tiempo siguen fulgurando en su ideario; y su elegancia espiritual no ha podido hasta hoy, en los cinco países que le respetaron y le admiraron, parangonarse con la e otros pensadores que salen de los  libros hacia la vida.
Francisco Cruz (1820-1894) es a el autor de la “Flora Medicinal De Honduras” y “La Botánica del Pueblo”, libro en que supo reunir muchas de las mas interesantes  noticias de la sabiduría popular y orientar en el conocimiento de algunas de las fuentes de riqueza inexplorada, poniendo al servicio de sus contemporáneos los hallazgos que hizo en el laboratorio al aire libre en que, sin instrumentos científicos, el estudio sabe encontrar el dato que habrán de sistematizar sus sucesores.
Luis Landa ha escrito varias monografías que enriquecen el inventario botánico de Honduras y que, al ser congregados en libros, servirán de primera mano a quienes mas tarde construya la tabla de valores de América.
Nada por hoy en las ciencias físicas y matemáticas, ni en las de espíritu. Algo para las antropologías, cuando sean revisadas, por ejemplo, las investigaciones lingüísticas de Alberto Membreño: “Hondureñismos” (1897) “Aztequismos de Honduras” (1907). “Nombres geográficos Indígenas de la Republica de Honduras”(1908). Ha recogido datos para el folklore Rodolfo Rojas y sobre los grupos indígenas Francisco Landero y Fernando Blandón. Lo mejor a este propósito se debe a extranjeros como William V. Wells, el de “Exploration and adventures in Honduras” (1857), George E. Squier, a quien la etnografía y la historia adeudan libros valiosos, Wama oe Adventures on the Mosquito Shorer”(1855), “Apuntamientos de Honduras y San Salvador” (1856) y “Honduras descriptive, historial and statistical” (1870). Los arqueólogos han publicado; George Byron Gordón “Prehistoric ruins of Copan” (1891-95) y “Researches in the Ulloa Valley” (1896-97); Thomas Gann “Mounds  in Northern Honduras”, Sylvanus  G. Morley “Inscriptions at Copan”, Rodolfo Schuller, que estudio a los lencas; Edward Conzemius, que reunión exelentes informaciones de los jicaques y los mayas, así como Kart Sapper sobre los jicaques; Paul C. Stanley autor de “Flora of the Lancetilla Valley” y Doris Stone cuyo ultimo libro “Arqueología de la Costa Norte de Honduras” (1943) es documento fundamental.

LOS HOMBRES DE LETRAS

Bajo la dominación española hubo varios hombres de letras: el Obispo Cristóbal de Pedraza, el Obispo Galo, cuya “Descripción y Noticia de Honduras” remitió al Rey el 28 de julio de 1620 y vio original Gonzáles Dávila, los franciscanos Francisco Andrade, Francisco de Santelices, Esteban de Verdelete, Martín de San Antonio Moreno, Bernardo Espino, y, naturalmente otros que algún día serán relevados por el investigador.
En un siglo de vida independiente han aparecido escritores de la talla de José  el Valle, Francisco Morazán, Álvaro Contreras, Celeo Arias, y Policarpo Bonilla. Entre los periodistas que han participado en las vicisitudes de la política aparte de Valle y
Contreras, Adolfo Zuniga, José Maria Aguirre, Francisco Cáliz, Francisco Cáceres, Miguel Ángel Navarro, Jun Ramón Molina, Paulino Valladares, Timoteo Miralda, Juan Maria Cuellar, (1861-1921), Augusto C. Coello, Adán Canales (1885-1925), Salatiel Rosales. Matías Oviedo y Alfonso Guillen Zelaya. En los diarios de  “La Paz”, “Diario Tiempo”, “Diario De Honduras”, “La Profilaxis Política”, El Nuevo Tiempo”, “El Cronista”, “La Tribuna”, y “El Pueblo”, queda el rastro de sus polémicas. Valladares ha sido el más leído a la vez que el de mayor enjundia. Toda la producción de Salatiel Rosales aguarda la hora de que se le compile para perpetuar así el nombre de un escritor que mantuvo trato asiduo con las ideas contemporáneas y supo elaborar su estilo.


LA LITERATURA DIDACTICA

Se inicia en Honduras este genero con las “Lecciones de Física” del Padre Reyes. Algo abundante ha sido la producción: “Elementos de Geografía de Honduras” de Eduardo Viada, “Raíces Griegas Y Latinas” Esteban Guardiola, “Apuntes De Gramática Latina” de Antonio R. Vallejo, “Elementos E Pedagogía” Miguel Norazan, “Geografía De Honduras” Antonio E Bones Quiñones “Química Y Mineralogía” Carlos Bonilla, “Geografía Ilustrada De Honduras” Eduardo Martínez López, “Nociones De Pericultura” Manuel Zuniga “Guía Histórica De Honduras” Y “Lecciones De Botánica” Perfecto  Bobadilla, “El Dibujo De La Escuela Primaria” Enrique Galindo, “Geografía  De Honduras” Rubén Atunez, “Lecciones De Fonética, Prosodia Y Verificación Castellana” Alejandro Arriaga “Economía Rural” Joaquín Burgos y los libros de lectura preparados por Miguel Navarro hijo de J.J. Castro y Carlos Aguilar P. Federico Gonzáles, etc.

LOS ORADORES

La oratoria señala entre sus mejores figuras las siguientes: José  del Valle, Álvaro  Contreras, Adolfo Zuniga, Ramón  Rosa, Miguel Ángel  Navarro y Alberto Ucles.
Valle fue una de las voces más respetables y aplaudidas en el Congreso Mexicano de 1823. Cuando la anexión de Centro- América  le obligo a ocupar una curul, y supo distinguirse por la sobriedad de su palabra, que , unida al fuego ideológico, le permitió ostentar luz  propia. Sus discursos carecían en énfasis, pero conquistaban al auditorio por la madurez de la doctrina y la claridad de exposición.
En los días febriles de Centro-América hizo vibrar sus clarines verbales Álvaro  Contreras, cuyo mejor discurso centroamericano-, fue el que pronuncio al inaugurarse la estatua de Morazán  en San Salvador (15 de septiembre de 1882). Mas sonoro, retórico, sacudido por la efusión, de aguda y viril ideología, fue Ramón  Rosa, que fulgurar la llama del trópico en cláusulas tintineantes, coloridas, en las que se nota la influencia del Cautelar. Quizás el discurso que pronuncio al inaugurarse la Universidad Central, fue su triunfo mas sonado. Después de el aparecieron Ucles, enamorado de las paráfrasis, graciosamente difuso y erudito; y Navarro, que en el congreso demostró su fibra de verbo-motor, su cáustica ironía.+
Entre los oradores sagrados debe mencionarse José Trinidad Reyes, Samuel Escobar, José Leonardo Vigil y Alberto Medina, el último e ellos educado en Roma.
La Universidad de Honduras se enorgullece de varios jurisconsultos de primer orden. Antes de que fuera fundada surgió José  Cecilio del Valle, y en el fragor de la lucha política  siento cátedra entre los legisladores, disertando sobre los problemas que podrían  adueñarse de su mente de estadista. Sus mejores escritos: “Código Legislativo”, “La Legislación Española”, “Apuntes para una Memoria o Ensayos sobre la Jurisprudencia Criminal en las relaciones que debe tener con la Anatomía y la Fisiología”, “Principios de Gentes que deben respetar las Republicas de América para ser felices y no entorpecer su marcha política” y “Juicios sobre las Instituciones del Derecho de  Gentes” del Dr. Álvarez.
La primera ley orgánica de justicia y reforma agraria fue expedida  siendo Jefe del Estado don  Joaquín Rivera (1835). Bajo la admón.. del General Rivera se “mandaron observar la Novísima Recopilación, las Siete Partidas y las Ordenanzas de Minería y Militares en todos los casos no comprendidos en las leyes emanadas del Poder Legislativo de Honduras desde 1841”. Mas tarde el Lin. Taddeo Lima redacto los proyectos del  “Código Penal” (30 de octubre de 1847) y el Código Civil (3 de marzo de 1848). Dos jurisconsultos renombrados fueron Máximo Soto,  Medico Legista y Justo Pérez. En 1864 la Asamblea nombro una comisión para que redactara los Códigos del Estado, formada por Inocente Bonilla, Valentín Durón, Pio Tranquilino Ariza y Martín   Ucles; “pero no se emitieron los códigos aunque la comisión cumplió su encargo”.
Los Códigos  Civil, Penal, de Procedimientos, de Comercio y de Minería que habían elaborado Adolfo Zuniga y Alberto Ucles y el general Enrique Gutiérrez, fueron puestos en vigor durante el régimen de Soto (27 de agostode1880). “En esta legislación se restablecieron importantes reformas –dice Durón- como la absoluta libertad de testar, la prohibición de censos, fideicomisos y de toda clase de vinculaciones y el matrimonio civil, que se dejo a la voluntad de los contrayentes y después fue obligatorio. Una ley especial suprimió los diezmos. Se extinguió el fuero eclesiástico, se secularizaron los bienes de manos nuestras, se estableció el cementerio laico, se implanto la enseñanza laica, y se organizo nuevamente la Universidad bajo un sistema amplio y en Armenia con los últimos progresos de la enseñanza”. También se emitieron el Código  Penal Militar, la  Ley de Tribunales, la Ordenanza y la Ley de Organización Militar y el Código  de Aduanas. Nuevos Códigos entraron en vigencia en las administraciones de Policarpo Bonilla y Manuel Bonilla.
Honduras ha tenido nueve constituciones.
La federación del 22 de noviembre de 1824, y las del 20 de febrero de 1825, 11 de enero de 1839, 4 de febrero de 1848, 8 de agosto e1865, 1º. De noviembre de 1880, 14 de octubre de 1894 (que fue restaurada el 8 de febrero de 1908), 2 de septiembre 1904, y la actual.
En la historia jurídica no pueden faltar los nombres de Ramón  Rosa, Rafael  Alvarado Manzano, Vicente Ariza Padilla, Policarpo Bonilla, Ángel  Ugarte, Cesar Bonilla, Mariano Vásquez , Presentación Quesada y Alberto Membreño.

       
LAS INVESTIGACIONES HISTORICAS

Todavía no se ha hecho una compilación de documentos históricos los fundamentales-para conocer muchos aspectos de la vida social, económica y política  del país. La investigación en los archivos nacionales se inicio cuando el Dr. Antonio R. Vallejo, (1844-1914) recibió del Presidente Soto la comisión  e organizarlos y catalogarlos en Comayagua. Además del Archivo Nzciocal, hay muchos materiales dispersos en los eclesiásticos y en los municipales. De gran utilidad ha sido, al publicar documentos inéditos, la “Revista del Archivo y Biblioteca Nacional” que el doctor Esteban Guardiola fundo en 1904 y sigue dirigiendo.
 El Dr. Vallejo publico varios libros en que dio a conocer  noticias inéditas muy valiosas además del “Compendio de la historia social y política  de Honduras”.
Figuran en su rico haber: “Colección de las Constituciones Políticas de la Republica de Honduras se ha decretado en las 56 años  que lleva de independencia” (1878), “Índice Cronológico de los tratados, convenciones, capitulaciones, armistico, dietas, protocolos de conferencia, cuestiones de limites contrato  de Ferrocarril Interoceánico y otros actos diplomáticos” (1889) e “historia documentada de los limites entre la Republica de Honduras y las de Nicaragua, El Salvador  y Guatemala” (1905).
La hora del Dr. Vallejo fue dignamente continuada por el Dr. Rómulo E. Durón, a quien se debe las obras siguientes;” Honduras Literaria” (1896), “La Provincia de Tegucigalpa bajo el gobierno Mallol” (1904), “Biografía de Presbítero don Francisco Márquez” (1915), “Biografía  de don Juan Nepomuceno Fernández Lindo” (1932), “Nicaragua ante  del rey de España” (1938), “Justo José  Milla” (1904) y “Las Islas del Cisne” (1926), en colaboración con Augusto C. Coello. Fue Durón  un verdadero explorador de un bosque tropical de papeles; y en medio de las zozobras que vive el hombre de estudio en nuestros países; pudo hacer excelente acopio de materiales  que le permitieron dibujar, en parte la fisonomía de muchos acontecimientos.
Ramón  Rosa. Este lo puso a escribir las biografías de José  del Valle (1882), José  Trinidad Reyes (1891) y el poeta guatemalteco Manuel Deguez y Olabery (1889). Habiendo dejado inconclusa la del Gral. Morazán. El doctor Rosa – el pensador específicamente hondureño – tuvo magníficas condiciones para haber dejado una obra mas ante; pero lo poco que hizo, - discursos semblanzas algunos cuadros de costumbres – basta para comprender la magnitud de su talento. Por desgracia, le toco vivir en vías tempestuosa, y las paginas que dejo le sirven de esplendida credencial.
Durante este siglo pueden también señalarse los nombres del obispo de Dr. Manuel Francisco Vélez; el Dr. Martínez López, autor de la “Biografías del Gral. Morazán” (1891) e “Historia de Honduras” (1908); Inés Navarro, que publico “Datos Históricos  y Geográficos sobre el municipio de Comayagüela” (1900) y Jeremías Cisneros.


TEATR0 Y NOVELA

El Padre Reyes cuyos nombres sobresale cuando se habla de cualquier empresa cultural en Honduras es el más distinguido autor teatral si bien la critica tendrá que apreciar su obra como la de un modernismo trabajador que movía los inocentes muñecos y la humildes escenografias con la curiosidad de quien quiere expresar ideas y dar consejos. Sus doce pastorelas fueron recogidas y editadas por el Dr. Durón  (1905) y según documentos literarios de primer orden, así  como el (Teatro Infantil) de Alonso Brito (1909).
Sean publicado las selecciones “Honduras Literaria” por Durón  y “Antología de poetas hondureños” por Jesús Castro (1939).


LOS POETAS

Honduras es uno de los países hispanoamericanos en que abundan los que escriben versos y escasean los que hacen poesía.
El patriarca de la lírica es Reyes, nutrido en las esencias del acendrado clasicismo e iluminado por llamas celeste.
Casi todo el siglo XIX las calandrias se ahuyentaron, como asustadas por el furor de larga noche; y hasta que sonó la hora de la reforma iniciada por Soto, apareció un joven que fue promesa valiosa: Manuel Molina Vijil (1853 – 1883) como habría de serlo con idéntico infortunio, pues los dos se suicidaron José  Antonio Domínguez (1869 – 1903). Con ella se hace acto de presencia el romanticismo y pasan por el escenario de la vida como fantasma entre niebla y llanto. Cuando el primero alternaba en los salones con Joaquín  Palma y Alberto Ucles, acudía a los corazones con las músicas de Zorilla, transportándolo a esos mundos inefables en que el amor esta rodeado de Madreselva.
Otro protector de los escritores fue el presidente Bonilla; entre ellas figuraron Domínguez, Froylan Turcios (1875 – 1943) y Juan Ramón  Molina (1875 – 1908). La  fundación de la sociedad “La Juventud hondureña” (1895) en que se reunieron los jóvenes que persiguieron a su vez las primeras ráfagas del modernismo, hizo posible que Molina y Turcios sobresaliera por haber encontrado en el periodismo un refugio estratégico.
Molina es uno de los poetas Centroamericano de mas vigoroso numen, y fue a la  vez de un terrible contendor de las polémicas  de prensa, y un prosista que bajo la hermosura  marmórea de la palabra que hizo fluir la sangre. En “Tierras, mares y cielos” (1913) dejo las muestras de su orgullo y de su vanidad, y en el “Diario de Honduras” y “Diario de El Salvador” ese oro que se dilapida en la ganancia de del pan de cada día. Enrique González ha dicho el, “La gracia de Darío ha tocado el corazón de Molina, y a ese tono y a ese acento nuevo debe el poeta hondureño sus mas bellas realizaciones. No hay en los poemas de Molina imitación verbal, sino resonancia espiritual del nicaragüense; pero es imposible desconocer que el canto de Darío  los ha fecundado. Y yo prefiero, entre los poemas  de  “Tierras, mares y cielos” los que sin dejar de ser personales, delatan aquella influencia espiritual. En los sonetos y en la composición “Una Muerta” de hondos temblores elegiacos está la obra mas pura y mas lograda del poeta hondureño, no solo en el sentido de la emoción, sino de la forma”.
Froylan Turcios fue, mas que un poeta, un maravilloso coleccionista de pájaros raros y de pedrería vehementes; y el los distribuya a través de sus revistas, seleccionándolos, mostrándolos en airosos escaparates. Las mejores páginas de sus autores predilectos se hallan en “Revista Nueva” “Esfinge” “Hispano-América” y “Ariel” que tuvieron gran publico en nuestro hemisferio y le permitían ser un coordinador de la amistad Inter.-americana y orientador del gusto literario. Dejo varios libros en los que aprisionó confidencias, presentimientos y hasta supersticiones: “Mariposas” (1895), “Renglones” (1899). “Hojas de otoño” (1904) “Tierra Maternal” (1911), “Floresta sonora” (1915), “El Vampiro” (1930), “Cuentos del amor y de la muerte” (1930), “Flores de almendro” (1931), “Paginas del ayer” (1932) y el mas lleno de calor humano, de risa y de melancolía: “Memorias”, que promulgan sus dones de conversador cautivante  y se hallan impregnadas de fuego del trópico, ventiladas en el aire misterioso de los pinares hondureños y a la vez sacudida por una fantasía que atropellan los “caballitos de San Vicente”, los ojos de agua y las niñas campesinas. Hizo periodismo fue cónsul y diplomático. Turcios fue un escritor que logro abrirse a puño cerrado las puertas del renombre; y uno de los paladines del modernismo en Centroamérica, que sobrevivió a su fama.
Después de Turcios la historia literaria recoge los nombres de varios escritores que han sabido poner su poesía al unísono de la sencillez: Augusto C. Coello, Luis Andrés Zúñiga, el autor de “Fabulas” y “El Banquete”, Ramón  Ortega el de “El amor errante”,Jorge F. Zepeda busco en las fuentes del regionalismo la raíz de sus “Ritmos” y “Colores de la tierruca”. Adán  Coello y Nicasio Gallardo pasaron meteóricamente.
En este itinerario de la pasión hondureña por las letras y de fe en el progreso, se ve con claridad la presencia de 4 animadores: Reyes, Rosa, Turcios y Esteban Guardiola. En el ultimo de ellos se han sumado la pasión  fervorosa y el rendimiento incondicional con que los otros imbuyeron a las nuevas generaciones el deber de estudiar todo lo que la tradición, la emoción  y el genio peculiar del terruño y ofrecen a quienes traten de hallar lo universal mínimo; y gracias  a Guardiola ha sido posible que muchos de los que le escucharon en la cátedra  siga sintiendo la misma influencia de su magisterio desde las columnas de su revista en que ha sido su mas austera preocupación el enaltecimiento de los pocos nombres que han contribuido a poner a Honduras en un sitio de honor.
Así  en las letras del continente han podido sobresalir algunos nombres, no así  en las artes. Los eruditos hablan de las misas y de los villancicos que compuso el padre Reyes una de ellas  “El Tancredo” y, mas tarde, hacia 1870, se menciona a Pio Matamoros, director de una orquesta, y al maestro de capilla y violinista don Miguel Ugarte. Se incluye entre los compositores de valses y mazurcas a Felipe pineda, Gabriel Sierra y Nicolás Zuniga, y de algunas músicas  sagradas a Santiago Zelaya y Agustín  Mariadaga. Quien ha tenido más preparación  y vocación es Manuel de Adalid y Gomero, autor de páginas escritas sobre flores sentimentales, a la luz de la nostalgia.
Entre los arquitectos apenas son mencionados Gregorio Nazianceno Quiroz, que intervino en la construcción de la Catedral de  Tegucigalpa, (principios de 1700 y terminada1715); pero no se precisa quienes fueron los constructores de la Catedral de Comayagua, el Castillo de Omoa y el Puente Mallol. Y por ultimo ¿Qué pintores hubo entre el tegucigalpense, José   Miguel Gómez, que floreció a fines del XVIII, y Pablo Zelaya Sierra (1896-1935), que fue hasta Madrid en busca de su Europa prometida, paso hambres y volvió a morir a la tierra natal?
México, 1944    

sábado 28 de enero de 2012

EL CAUDILLISMO



Jorge Luis Oviedo

El fenómeno político más sobresaliente durante el siglo XIX, a partir de la obtención de la Independencia, (aunque no exclusivo de nuestro país, sino de casi toda América Latina) es el surgimiento de los caudillos: recias personalidades político-militares que tienen, sin lugar a dudas,  su gestación  en el régimen colonial impuesto por los españoles en esta parte de América.
En el caso particular de Honduras, desde Francisco Morazán hasta Tiburcio Carías, pasando por el capítulo de los militares, cuya participación más directa se produce en las décadas del sesenta y del setenta del siglo XX,   el caudillismo marcó la vida política del país. Más de cien años de deposiciones y  sucesiones violentas, de rebeliones frustradas, de  proyectos iniciados y abandonados a mitad del camino; más de cien años en los que los resentimientos localistas, las traiciones personales, el carácter individual de unos pocos y su ambición desmedida por el poder fueron el principal aliciente en el proceso de construcción de la República y en los diversos intentos por desarrollarla.
Honduras fue desde 1827 hasta años muy recientes un territorio apto para las tropelías, espacio abierto para los más dispares aventureros, una especie de encomienda para quienes sucesivamente se la iban apropiando; de ahí su inevitable rezago, su incapacidad, como colectividad, para gobernarse para el bien común.
La carencia de un sector social, económicamente consolidado, y consecuentemente de una clase dirigente capaz de imponer su propio proyecto de desarrollo, debido a la escasez de hombres y mujeres  capacitados para asumir la conducción del país bajo un modelo totalmente distinto al colonial, son algunas de las causas para que afloraran, como por generación espontánea, los caudillos; y se volviera, casi imposible, gobernar en Honduras.
El quehacer más frecuente de la mayoría de los gobernantes durante los primeros cien años de vida independiente fue el de sofocar los intentos de sus opositores (y a veces de sus antiguos partidarios), el de reprimir a los partidarios de la oposición, o el de diseñar las estrategias para evitar potenciales levantamientos, rebeliones o asonadas; y muy escasamente el de planificar el desarrollo del país.
No hubo tiempo para la reflexión, para soñar el país y proponer estrategias, porque era la hora de la daga y del fusil, el tiempo de la conspiración y el madruguete, de la defensa heroica de un poder ilusorio.
 Los que tuvieron tiempo de pensar el país, de escarbar en su historia fueron tan escasos que, más allá del respeto que generaron entre sus contemporáneos, poco pudieron contribuir en la transformación de una sociedad más proclive a la anarquía que al orden, al atropello que a la justicia, a la destrucción que al progreso.
 No sin razón escribió Ramón Rosa, durante los  años del Gobierno de la Reforma Liberal (Paréntesis de Aurora lo llamó Rafael Heliodoro Valle): “Centro América, en toda la América, es el país en donde con más facilidad puede imponerse, casi sin contradicción, las dictaduras más absorbentes, brutales y salvajes, y en donde la dominación extranjera  puede enseñorearse a su placer trayéndonos el patriotismo de la servidumbre y de las humillaciones”.
La carencia, pues de una clase dirigente capaz de imponerse, de inventarse el país, la patria, de tornarse  creíble y de hacer posible ante las demás clases y sectores sociales en todo el istmo centroamericano,  y de las correspondientes expresiones locales en lo que después serían  las nuevas repúblicas, se tradujo en postergación de las aspiraciones más elementales de cada uno de los pueblos centroamericanos; pero fue, quizás, en Honduras, que tampoco tuvo  núcleos criollos importantes que en lo económico dominaran el comercio local y las exportaciones, donde esta carencia resultó más evidente.
Aunque hubo figuras intelectual y políticamente sobresalientes que nacieron en nuestro territorio (como José del Valle, el más importante pensador de la región durante el siglo XIX, y uno de los más sobresalientes en toda América) o política y militarmente relevantes como Francisco Morazán (nacido y formado totalmente en territorio de la entonces Provincia de Honduras) no se produjeron bloques generacionales con la suficiente coherencia ideológica en la región o en cada una de las provincias.
 La mejor evidencia de lo anterior se manifiesta en el fracaso de la Federación Centroamericana, creada en 1824, con base en la unidad regional que existió durante el régimen colonial casi desde sus inicios.
Sin embargo, así lo corroboran una serie de hechos y sucesos que se produjeron durante estos casi trescientos años de administración centralizadas desde Guatemala, parece que jamás se generaron sentimientos reales de unidad, especialmente entre los criollos, en ninguna de las provincias que formaban la Capitanía General.
 Es evidente también que durante todos esos años en que se prolongó la colonia no se forjó y afianzó un verdadero sentimiento de patria (entre los criollos de Guatemala o de cada uno de las provincias y menos aún entre los mestizos, que generalmente no poseían propiedades importantes con títulos reconocidos), sino los de una clase privilegiada que, en consecuencia, deseaba obtener un provecho mayor que el que dispensaba la administración de la  Corona Española.
De ahí que Morazán fuese una excepcionalidad a ese circunstancia y que su lucha, política y militar, por mantener la unidad de los Estados Centroamericanos como una Federación se volviera estéril, inútil.
La unidad que pudo haber otorgado una lucha armada para la obtención de la Independencia, por tratarse de un objetivo común y de una lucha común en pos de el referido propósito no se dio en Centroamérica, de ahí que los localismos, fomentados por la manera de repartir o quitar privilegios, de controlar el comercio o de recaudar los tributos afloraran con más fuerza y sin control durante los primeros años de  vida independiente de estos países.
De esta suerte, el autoritarismo, común a los caciques indígenas y los colonizadores españoles, encontró en el caudillismo el mejor dique de expresión.
De esta suerte la institucionalidad  como la que trató de forjarse en los primeros años de vida independiente a través de la  Federación y bajo el liderazgo de Morazán (luego de las primeras confrontaciones internas que culminaron con la deposición de Arce, el primer Presidente Federal por sus desafueros dictatoriales) no ofreció el sustrato cultural necesario que la hiciera aceptable a la mayoría. Se trataba, como bien sabemos, de prácticas inéditas en esta parte del mundo y de reciente utilización en algunos países europeos y en Estado Unidos de América.
Ni gobernantes ni gobernados estaban acostumbrados a la democracia, sino al centralismo y al poder vertical, al orden autoritario impuesto desde arriba y no al libre juego de ideas, a la libertad de conciencia y al libre comercio.
La minoría ilustrada, como José del Valle y Dionisio de Herrera, aunque tenían la lucidez para concebir un modelo de país y diseñar las estrategias necesarias que lo impulsara, carecían de la capacidad militar para sostenerlo por la fuerza, cuando las circunstancias lo ameritaban.
Federalismo o Centralismo pareció ser la disyuntiva; pero es un hecho que dada la carencia de una clase dirigente ambos fracasarían, porque ambos, de una u otra forma, se intentaron sin éxito.
Fracasó la anexión a México, porque nunca contó con  suficiente apoyo de todos las provincias, fracasó la Federación ¿acaso por excesivamente reformista? Y finalmente fracasó el centralismo que emergió con la derogación de todas las reformas liberales que impuso el Régimen Federal, cuando el carrerismo, desde Guatemala, no logró vencer los localismos provinciales.
En todo el resto de la centuria lo único que se yergue con toda su fuerza, acaso como la de los propios volcanes de la región, es el  férreo caudillismo, en cuyo ser se fusionan, como en un crisol humano, todos los ríos, todas las sangres y toda las fuerzas y carencias del hombre hispanoamericano, cuyos rasgos más sobresalientes y a la vez detestables son su excesivo autoritarismo y su despreciable despotismo.
En todo caso el caudillismo fue la única fuerza política capaz de propiciar algunos períodos prolongados de estabilidad en aquel mar de anarquía que surgió una vez que declaramos la Independencia.
Es un hecho que la herencia que nos legó el caudillismo contribuyó muy poco a la construcción de una naciones fuertes, capaces de autogobernarse y de estimarse más a sí mismas como colectividad.
En Honduras se sucedieron 68 administraciones entre 1821 y 1933, algunas de las cuales fueron incapaces de regir los destinos del país por una semana.
Entre octubre de 1838 y diciembre de 1840 se registraron 9 administraciones diferentes.
Si el idioma (por la unificación que permitió a una enorme extensión territorial) fue una de las mejores herencias que nos dejó el régimen colonial, posiblemente el caudillismo que afloró  al producirse la Independencia, sea de una las peores.



lunes 14 de noviembre de 2011

AUTOBIOGRAFIA DE GALEL CARDENAS



Nací  en San Pedro Sula, departamento de Cortés, el 10 de agosto de 1945. Provengo de una familia modesta, formada por un profesor de educación primaria y un ama de casa.

Mi madre, María Amador, oriunda de Intibucá, estudió hasta el sexto grado, de ella recuerdo el misterio del realismo mágico propio de los pueblos rurales. Sus cuentos de aparecidos, de leyendas sobre los ríos y montañas donde habita el duende, y existen lugares encantados, aún resuenan en mi recuerdo de la época. Sus narraciones sobre las guerras intestinas en las que peleaban el general Vicente Tosta y Francisco Ferrera eran sumamente vívidas. La familia de mi madre de ascendencia terrateniente siempre miró con recelo aquella pareja un poco discordante: el realismo mágico, las costumbres rurales, y la racionalidad de un profesor de escuela, que un tiempo militó en el partido comunista de Honduras.

Mi madre siempre fue idealista, manejaba proyectos ingenuos sobre el comercio demasiado familiar, casi íntimo, en los cuales me involucraba, por ejemplo mandarme a vender con mi prima Carmen Cárdenas, semitas y espumillas a los campos bananeros de Olanchito y Arenales.

A lo mejor un poco de ese realismo mágico de mi madre le haya devenido por profesar la religión católica en las que nos matriculamos como una tradición del occidente de nuestro país, en donde, como sabemos, las prácticas religiosas constituyen un sincretismo con las prácticas indígenas. Flores, frutos, rezos, hogueras, comidas típicas, días de guardar, asistencia los domingos a la iglesia, sacerdotes, beatas, rosarios, nueve días de rezo, en fin, toda una tradición que se queda pegada al corazón y a la memoria como una segunda piel plena de identidad nacional.

Mi padre Dionisio Cárdenas, fue un maestro muy reconocido por sus colegas de la década del 40 y del 50, fue compañero del profesor Víctor F. Ardón, Víctor Cáceres Lara, Eliseo Pérez Cadalso, Rafael Bardales y más tarde fue compañero de Rafael Pineda Ponce, de la profesora Socorro Amador, Salomón Sosa, Hipólito Morel, Nicolás Urbina, doña Adela de Urbina, Saúl Zelaya Jiménez. Es decir fue amigo de una pléyade de hombres que vivieron la época de las ideas de José Vasconcelos, José Enríquez Rodó, Ricardo Rojas, Rafael Martínez Arévalo, etc. Eran las ideas de un magisterio que propugnaba el nacionalismo como fuente de identidad nacional o sea la  la latinoamericanidad.

Era la época en que Alcides Arguedas y Carlos Octavio Bunge planteaban el tema de los males endémicos de América en textos como Nuestra América, ensayo de psicología social o de Pueblo enfermo, contribución a la psicología de los pueblos hispanoamericanos. Era una generación que trataba de reivindicar la mesticidad hispanoamericana con tesis como la raza cósmica y su indología de Vasconcelos o Ariel de José Enrique Rodó y la de El Tiburón y las Sardinas de Arévalo Martínez.

Es también el momento de los grandes narradores del paisaje rural de América Latina: Los de abajo de Mariano Azuela, Doña Bárbara de Rómulo E. Gallegos, Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, o La Vorágine de Eustasio Rivera.

Es por esa razón que mi padre llevó a la práctica tales ideas, al grado de colocar nombres con sentido histórico, a sus hijos: Galel, Honduras, Sinergia y Quxabel. Tradición que hemos conservado familiarmente.

Gracias a esta práctica siempre nuestra familia fue considerada rara en las colonias donde vivimos, nos apodaban la casa de los nombres raros. Mi hermana Honduras sufrió su nombre cuando niña. Por ejemplo, los telegrafistas no querían enviar sus mensajes cuando se trataba de felicitar a su padrino, el gran maestro sampedrano Rubén Antúnez, decían aquellos “ignaros” que el país no podía enviar un telegrama a una persona. Y mi hermana Honduras Cárdenas Amador, siempre se firmó Honduras C.A. Pues bien, en cierta oportunidad vivíamos en el barrio la Hoya donde éramos vecinos de la familia Salinas, fabricantes de cohetes. Un día estalló la cohetería y las casas sufrieron mucho deterioro. Una de ellas, donde habitaban los propietarios se vino abajo y aplastó varias personas. El caso es que mi hermana salió despavorida hacia la calle al escuchar aquella tremebunda explosión y medio a medio, presa de pánico se desmayó, lo peor era que sangraba del pecho. Los bomberos prestos la recogieron y la llevaron al hospital San Felipe. Los doctores después de revisarla y observar que no poseía mayores daños, le preguntaron por su nombre. Mi hermana no lo recordó en la primera ocasión del interrogatorio, por lo que tuvieron que inyectarle un sedante, esto sucedió tres veces. A la tercera vez y después de haber dormido casi 20 horas, se le acercaron y le preguntaron el nombre, mi hermana entre dormida y despierta respondió que se llamaba Honduras. Inmediatamente le pusieron otro sedante por que creyeron que estaba loca. Así que hasta que llegó mi padre a corroborarles a los doctores su nombre, ellos entendieron que se habían equivocado.

A la edad de doce años escribí un poema que resultó un éxito en la escuela Luis Landa de Siguatepeque, siempre me pedían recitarlo en los actos cívicos. El tema del poema era el árbol.

Mi padre fundó, junto con otros colegas, una revista que se llamó Sinergia y pertenecía a una federación de maestros de su época. Luego la continuó hacia los años setentas y me involucró. Era ya un adolescente, publiqué en ella un trabajo sobre Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Me había asesorado para escribir, también, la tesis de bachillerato sobre el tema el origen del hombre, en el instituto Alfonso Guillén Zelaya. Podría confesar que primero publiqué ensayo y no poesía. Y un día entregó un artículo mío al director del periódico semanario El Alfiler de don Pedro P. Aplícano.

Mucho tiempo después, ya un joven adulto, experimenté el primer verdadero amor, que fue prohibido ya que la musa era una mujer casada. Tuve un tórrido romance, inolvidable, su marido estudiaba en Europa, ella tenía dos hijos, fue la primera mujer que escuchó mis poemas primitivos sobre el amor; parte de esa historia se encuentra en la novela De la oscuridad a las brasas. Es mi homenaje a Luisa L. Carías quien un día en medio de besos, abrazos, y entrega total, expresó que miraba en mi poesía una potencialidad que había de ser afinada.

Más adelante ingresé a la Escuela Superior del Profesorado, después de haber perdido un precioso tiempo en la búsqueda de mi propio destino, o sea el camino de la redención personal: la literatura.

Estudié el profesorado en letras. Con mis pocos conocimientos de literatura comencé mi carrera como escritor, recuerdo haber ganado no menos de dos veces el premio de poesía al interior de esta institución. Mis maestros fueron Andrés Morris (español), Julio Escoto, Julián Lanza, Leslie Castejón, Delia Ondina Pineda. Mis compañeros de generación fueron Roberto Zapata, lingüista, Ramón Hernández, lingüista, Nery Víctor Quiñónez, profesor de letras, Juan Antonio Medina, ensayista.

El aprendizaje de la literatura en la escuela superior del profesorado Francisco Morazán, fue básico y nutricio, aprendí ejemplarmente la trascendencia del compromiso con la literatura, cuya descripción se puede observar en el final del poema Autobiografía de Juan Ramón Molina:

“He abrevado mis ansias de sapiencia
en toda fuente venenosa o pura,
en los amargos pozos de la ciencia
y en el raudal de la literatura”

Y también aprendí de Paul Verlaine de su “Arte Poética” estas afirmaciones:

“¡Siempre la música continuamente!
Sean tus verss tan superiores
Que huir se sienta desde tu alma
hacia otros cielos y otros amores .

Sean tus versos la buena nueva
Suelta a los vientos, a la ventura
Que florecer hace los mirtos…
Y lo demás…literatura.”

En el camino me tocó luchar contra el medio y los colegas, y sin embargo, proseguí el sendero trazado, la meta segura y sobre todo, la confianza en mí mismo, por eso recuerdo haber asumido, el escepticismo como un arma defensiva, en los versos de Bertolt Brecht:

“Escapé de los tigres
Las chinches alimenté
Pero fui devorado
Por las mediocridades”

Siendo estudiante de la Escuela Superior del Profesorado obtuve el Segundo Lugar de Poesía Centroamericana en Quetzaltenango, Guatemala (1970). Conocí e esa oportunidad a Rafael Góchez Sosa, un poeta salvadoreño de Santa Tecla, muy amoroso y solidario.

Conocí en esa época a María Teresa Alvarado con la cual me casé y procrié dos hijas Dafne Ixtab y Nicté Orfalís. Después de haber sido director del Instituto Mateo Molina de Pespire, estudié en Bogotá (1977) la licenciatura en Filosofía y Letras, con especialidad en literatura. En mi estadía por aquella bella ciudad hospitalaria, concursé a nivel universitario nacional y obtuve el primer lugar de poesía colombiana universitaria, con el texto “Puerta de Golpe”. El libro nunca fue editado. Algunos antólogos me incorporaron en sus libros de poesía como poeta colombiano.

En 1982 el Sitraunah publicó mi libro de poesía “Poemas en Nicaragua y otras partes”, mismo que constituyó un doble homenaje, primero a la revolución sandinista y segundo a mi hermana Quxabel Cárdenas, alias, Comandante Carolina, guerrillera en esa época del Frente mencionado.

Regresé un tiempo a Honduras y volví a Bogotá (1984-85) a cursar el doctorado en Literatura.

En 1986 obtuve el premio latinoamericano de poesía “Rubén Darío”, otorgado por el ministerio de cultura del gobierno nicaragüense sandinista. El libro premiado se titula “Pasos de animal grande”, el jurado de este premio fueron los escritores Roberto Morales, Jorge Luis Oviedo, y Gioconda Belli. En ese mismo año me separé de mi primera esposa.

En 1988, obtuve el premio de poesía Juan Ramón Molina, a nivel Centroamericano, otorgado por el ministerio de cultura del gobierno hondureño, con el libro “Sendero abierto y Luminoso”, mismo que nunca fue publicado por las autoridades correspondientes.

Luego me casé con Silvia Vásquez Cubas con quien he procreado dos hijos Galel Yaxkín y Dayra Ixek. Puedo expresar que con este matrimonio pude enhebrar el hilo del oficio de narrador, por alguna razón que desconozco. Es por eso que publiqué en 1992, el libro de cuentos “La sangre dio una sola vuelta”; la novela “Zona Viva” en 1993; el cuento largo “Llama de todos los poros” en 1994.

Texto que es la génesis del libro “Fiebre sin Fin. El último gol”, que me ha editado Letra Negra de Guatemala. Este es un libro que ha ido muy bien comentado por diferentes lectores críticos. Tengo la impresión que debo escribir el intermedio de la novela, o la historia, debido a que el libro está dividido en Primer Tiempo y Segundo Tiempo. Esta es una novela inconclusa ya que le falta al menos una parte, el intermezzo.

En 1998 la Editorial Universitaria me publicó la antología de metodología literaria “Teoría y práctica del análisis literario”, pero anteriormente me publicaron una antología de textos sobre el estudio generacional de la literatura denominado “Primer Simposio de Literatura Hondureña”, texto que Oscar Cerrato, a la sazón administrador de la Editorial Universitaria, no quiso reconocer los derechos de autor de la antología.  Algún tiempo después produje textos académicos como ser Lengua y Literatura en la Enseñanza Superior, en tres tomos, desde el 2000 hasta el 2005.

En el año 2002 publiqué mi libro de poesía “Estación Madura”. Este libro representaba el rompimiento con el discurso político de Pasos de animal Grande, y tiene en partes poesía de breve aliento que se refiere a la existencia del hombre, al misticismo y sobre todo al amor y algunos poemas relacionados con el sentimiento patriótico.. En el año 2003 incursioné en un género poco cultivado por los escritores hondureños, la fábula, y fue así que se publicó el texto “La Exótica algalia y su fabulario”, estilo moderno de fábula, que nada tiene que ver con Augusto Monterroso o Sergio Ramírez. La fábula en los escritores hondureños contemporáneos ni siquiera ha sido incursionada, por ello quise experimentar en este género tan didáctico y tan apasionante. Me atrevo a pensar que invento una fábula especial doméstica de animales y cosas que están conviviendo con uno en la ciudad, en la casa urbana. Y contrario a Monterroso y Ramírez que usan una fábula política, las mías son casi domésticas y principalmente plenas de una gran nimiedad, con un lenguaje conversacional bastante fresco.

La editorial Letra Negra de cobertura centroamericana y mexicana, me editó el libro de cuentos “Tiempo de frío”. En Tiempo de Frío traté de superar los otros relatos de “La sangre dio una sola Vuelta” que eran más politizados por que representaban la época de la seguridad nacional de Gustavo Martínez, Roberto Suazo Córdova y José Azcona del Hoyo. Por eso el inicio del libro está determinado por un personaje que es golpeado y hostigado por su mujer, en un claro contrapunto al machismo de la cual se quejan las feministas. Siempre tienen un transfondo intertextual dado que soy hijo de ese tipo de literatura que se cultivó y se cultiva después del Boom. Algunas veces cultivo el relato fantástico, otras agrario y los demás de orden cotidiano sin trascendencia, tal como decía Joyce, un antihéroe.

Helen Umaña publicó en el año 2005 su “Panorama crítico del cuento hondureño”, en cuya introducción mencionó mi ensayo metodológico sobre las generaciones hondureñas, que había sido presentado como ponencia en el “Primer Simposio de Literatura Hondureña”, como el único acercamiento científico y válido para realizar un recuento generacional del proceso de formación de la literatura hondureña.

Es por es razón que edité el folleto “Esquema Generacional de la literatura hondureña”, a fin de salir a la palestra con ese planteamiento histórico. Seguidamente ingresé a la Academia Hondureña de la Lengua y mi discurso de ingreso se denominó “Prolegómenos a un estudio generacional de la literatura hondureña.”

Este año, 2006, la editorial Letra Negra publicó mi libro de poesía “Días de la Palabra” y por mi parte edité el texto narrativo “De la oscuridad a las brasas”. Cada uno tiene su propia historia y su propio mérito.

“Días de la Palabra” es un libro de poesía que reivindica la retórica como elemento esencial de la lírica contemporánea y es una respuesta a las generaciones que asumieron la estética vanguardista de la poesía militante, documentalista. Hay demasiado joven que cree en una práctica conversacional de la poesía sin el aditamento artístico. Sus temas son el amor primigenio correspondiente a la parte Río Diverso, el amor que pertenece a la parte Murmullo del Coral y la poesía existencia que contiene la parte “Simple silencio de lo huido”. A mi modo de ver, es un libro que jalona un poco la poesía retórica nacional. Un simple repaso a los títulos de los poemas puede corrobar este acerto.

“De la oscuridad a las brasas” responde a un homenaje al pueblo chortí de la aldea El Carrizalón y esencialmente a tres informantes amigos entrañables, Pilar Pascual, un ladino indigenizado, Modesto Oaxaca, mi principal informante, y el maestro de maestros, el chucurero, don Angel Rivera que ya murió.

Don Ängel Rivera, era el chamán de la región, depositario de la herencia cultural religiosa e indígena. Oírlo hablar era como escuchar un profeta. Este texto está compuesto por varios escritos en tiempos diferentes, pero, forman parte de un proceso de escritura que todavía no termina debido a que me encuentro escribiendo la segunda parte de la novela.

Entre 1994 y 1996, dirigí la investigación sobre literatura oral chortí, y pude darme cuenta de la lucha agraria que la zona indígena campesina libra. No puedo dejar de mencionar a un gran amigo antropólogo Lázaro Flores, porque gracias a su trabajo in situ pude conocer estos personajes que ahora toman vida en la novela.

La técnica empleada viene siendo así como una serie de relatos independientes que al repasarlos en su totalidad, producen exactamente esa idea: la totalidad, es decir una novela.

Es una novela que plantea tres clases de amores, el pasional, el antropológico y el agrario. El pasional encarnado en los amores de Adeliano Meléndez que conoce a Luisa Liliana, se enamora de ella, pero finalmente debe dejarla. Luego conoce a Diótima la fervorosa, y se burla de ella, la deja abandonada. Diótima se convierte luego en dirigente agraria y emprende la lucha por la organización campesina indígena de la región, la acompañan Pilar Pascual, Modesto Oaxaca y don Angel Rivera. La lucha por la sobrevivencia étnica es singular y se demuestra mediante los ritos y visiones de mundo que los personajes van exponiendo a lo largo de la obra, mismos que en la segunda parte se profundizará.

Diótima es reconocida como la antigua Comizahuala, que llegó en calidad de heroína civilizadora, en tiempos pretéritos a enseñar a los chortís, el cultivo del maíz, y los aspectos culturales más relevantes. Su papel es preponderante en esta novela trágica, debido a que Diótima, pareciera ser tres personajes, la fervorosa, una dirigente activa y apasionada, la mujer sencilla, amante de Adeliano Meléndez, y la gran dirigente campesina agraria indígena, que al morir deja trunco el proyecto organizativo de la región.

La segunda parte dejará al desnudo las contradicciones sociales, el papel del ejército, la policía, los terratenientes, en fin, una novela nacida como experiencia de la investigación sobre literatura oral chortí y un compromiso moral de inmortalizar estos nombres que por ahora son anodinos, como así mismo la lucha ferviente por la tierra, en plena era de globalización.

Tengo una anécdota sobre la rápida presentación del libro en el seno de II congreso escritores centroamericanos celebrado en Tegucigalpa, en agosto del presente año., resulta que frente al público dediqué la lectura de uno de los capítulos a una pareja de escritores guatemaltecos, sobre todo por que parte de este fragmento se desarrollaba en Guatemala, sin embargo, por la premura y tensión del acto, leí otro capítulo, que era completamente erótico. Me contaron mis amigas, las escritoras Soledad Altamirano y Yadira Eguiguren, que la escritora centroamericana lloró por la vergüenza que le ocasionó el texto, ya que ella pensó que todo el público la miraba y criticaba por su relación clandestina con su pareja.

Esta anécdota es un vivo ejemplo del poder de convicción que tiene un texto, por un parte, y por otra, pese a la ficcionalidad de la literatura, a veces la realidad y la invención estética pueden conmocionar a un lector.

Mi última novela PARED DEL AGUA constituye otra alternativa temática a y experimental de narrativa, pues, en esta novela que representa un amor imposible y morboso, por la enajenación que padece el personaje Valmont Espinoza. Esta novela fue concebida como policial, psicológica y filosófica, además de amorosa. Se sale de la línea de novelas policiales tradicionales por cuanto ha sido estructurada de manera experimental, característica de la cual no participan los narradores de este tipo de novelas.

Los nombres fueron escogidos de manera muy especial para instalarse en la universalidad metropolitana. Y a fin de que no fuese un corriente narrativa de curso sereno, me propuse incorporar varios elementos formales tales como la trascripción de los informes, el cuadro de las relaciones de sospecha que es tomado casi literalmente de los planteamientos de Greimas o Todorov o de Propp, a través de un texto denominado Análisis Estructural del relato.

Si bien el tema es archi común, su desarrollo no lo es ya que como toda novela policial, se trata de evitar que el lector sepa quien es el culpable del asesinato, por eso se proponen varios personajes secundarios que arrojan pistas falsas sobre el crimen. Aparecen formas como una S que significa Sally, la protagonista verdadera de la novela y que nunca aparece viva en ella, si no sólo por referencias.

El invento de una oficina de investigación y una irónica propuesta de los agentes O, que establece una reminiscencia del agente 007, es también otra mirada satírica, pero tomada con seriedad. A fin de contextualizar al criminal debí consultar textos psicológicos del crimen con el fin de otorgarle al texto más verosimilitud. Toda la novela está trasuntada de intertextualidades: referencias a escritores, a escultores, a la medida áurea que usaron los griegos, y subrepticiamente el libro está dedicado a Ernesto Sábato en su novela El Túnel. Los diversos discursos que se pueden percibir a lo largo de la obra son intencionalmente elaborados para enriquecer el tono y medida de la novela. Así mismo los niveles del lenguaje son presentados frecuentemente con el fin de evitar la monotonía narrativa. Algunos personajes de diferente catadura permiten al lector salirse un poco del discurso Espinozano.

De mi vida académica puedo expresar que mi núcleo de trabajo fundamental ha sido mi cargo de profesor titular de la UNAH, a la cual ingresé en 1977.

Desde que inicié este extraordinario trabajo de la enseñanza de la literatura y la lingüística en el nivel superior, traté siempre da ofrecer lo que mejor podía hacer.

De esta manera, por ejemplo, junto con otros profesores, que espero recordar a todos, nos incorporamos en la transformación del Departamento de Letras. Lo primero que realizamos fue proponer la creación del bachillerato y la licenciatura en letras junto compañeros como Atanasio Hérranz (español), Roberto Zapata (lingüista), Rigoberto Paredes (poeta y docente), Ramón Hernández (lingüista), Manuel Salinas (literato), Rubén Berríos (narrador y docente).

Algunos compañeros poetas se inscribieron en este currículo, en el cual se desempeñaron con gran acierto y creatividad, algunos de ellos los recuerdo perfectamente Efraín López Nieto con quien libramos batallas personales y literarias que salieron a luz pública como polémicas frente a otros escritores contemporáneos. Rafael Rivera, Fausto Maradiaga, Leonel Alvarado, Nery Alexis Gaitán, Jorge Luis Oviedo, y otros, fueron alumnos destacados del pensum de la licenciatura.

Mucho tiempo después fundé la Maestría en Literatura Centroamericana, en 1998, el 30 de noviembre.

Por otro lado, desde el departamento de Letras realizamos muchísimos encuentros de poesía centroamericana, junto a Rigoberto Paredes y Manuel Salinas, a los que asistieron escritores contemporáneos como los costarricenses Alfonso Chase, Delfina Collado, Fabián Dobles, Magda Zavala; los salvadoreños Manlio Argueta, José Roberto Cea, Roberto Armijo, Miguel Huezo Mixto, Mario Noel Rodríguez; los guatemaltecos Luis Aceituno, Isabel Aguilar Umaña, Max Arfaujo, Arturo Arias, Otto Raúl Gonzalez, Dante Liano, Francisco Méndez, Augusto Monterroso, Mario Roberto Morales, Ana María Rodas; los nicaragüenses Erick Blandón; Vida Luz Meneses, Michele Najlis, Fanor Téllez, Nicasio Urbina, DFaysi Zamora, Jorge Eduardo Arellano, Blanca Castellón; los panameños Enrique Jaramillo Leiva, Benjamín Ramón y Rogelio Sinán.

Así mismo fundé el Premio de Literatura otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en 1992, denominado Premio Nacional de Literatura José Trinidad Reyes, cuando fue directora de Extensión Universitaria, la Doctora

Fundé con Rigoberto Paredes el taller de Literatura Mano de Obra (1990) perteneciente al Departamento de Letras, mucho tiempo después fundamos con Fausto Maradiaga el Taller de Poesía Edilberto Cardona Bulnes, 2005.

Creamos el Recital Itinerante de Poesía que llevamos a Comayagua, Siguatepeque, Progreso, Tela, Ceiba, Olanchito y Juticalpa, asistieron los poetas José Luis Quesada, Adán cautelar, Efraín López, Fausto Maradiaga, Oscar Amaya, entre otros.

A partir de 1990 fundé la Editorial Argos que lleva editados aproximadamente unos treinta títulos de literatura hondureña, latinoamericana y universal.

He sido presidente de la UNIÓN DE ESCRITORES DE HONDURAS (UEH) misma que fundamos con Rigoberto Paredes y Oscar Amaya, 1994.

En el año 2009, fundamos la UNIÓN DE ESCRITORES Y ARTISTAS DE HONDURAS, del cual he sido su presidente y que organicé junto a César Lazo, Jorge Miralda, Samuel Trigueros, Rebeca Becerra.

Entre los años 2007 y 2009 fui asesor del Presidente Manuel Zelaya Rosales en materia del discurso político y retórico, hasta el momento en que fue defenestrado por la oligarquía hondureña, los militares y políticos fascistas.



RESUMEN TEMÁTICO DE LA OBRA LITERARIA DEL AUTOR

POEMAS EN NICARAGUA Y OTRAS PARTES.
1.            Este libro constituye un homenaje a la revolución sandinista que triunfó en Nicaragua en la década de ochenta. Su lenguaje poético se basa en la poesía documentalista de Ernesto Cardenal.

PASOS DE ANIMAL GRANDE.
2.            Este libro de poesía ganó el premio latinoamericano Rubén Darío otorgado por el gobierno nicaragüense. En este texto se empleó el criterio documentalista y la visión reivindicadora de la cultura indígena, los héroes patrios y una visión revolucionaria del mundo.

LA SANGRE DIO UNA SOLA VUELTA.
3.            Este es el primer libro de cuentos. Se trata de una propuesta de temas que tienen que ver con la literatura testimonial. Es un libro de cuentos que fue escrito para recordar la década de la seguridad nacional que fue una época de represión muy fuerte contra el pensamiento revolucionario. El centenar de desaparecidos de la época está emparentado con esta obligación de escritor comprometido políticamente.

ZONA VIVA
4.            Corresponde esta novela al mismo ciclo de literatura comprometida. En la cual se estructura la vida de un personaje en sus últimas 12 horas de vida, un personaje que es asesinado frente a su casa. Durante un día este desempleado, recuerda su tiempo infantil, su incorporación al mundo revolucionario y su visión de mundo de la izquierda hondureña.

LLAMA DE TODOS LOS POROS
5.            Es una primera parte de lo que será FIEBRE SIN FIN como novela, fue publicado con el objetivo de referir la pasión del fútbol haciendo constar la enajenación de la que es objeto el aficionado.

EL ÚLTIMO GOL
6.            Esta novela constituye completa el cuento largo denominado LLAMA DE TODOS LOS POROS.

LA EXÓTICA ALGALIA Y SU FABULARIO
7.            Es un libro de fábulas modernas, que están muy lejos de las de Esopo, Lafontaine y Samaniego, incluso de Sergio Ramírez y de Augusto Monterroso. Es una fábula inventada para exponer al animal como un ser humano que habla y filosofa sobre la cotidianeidad.

DE LA OSCURIDAD A LAS BRASAS
8.            Antología De relatos que persiguen convertirse en una novela. Actualmente trabajo en la segunda parte de este libro. Se trata de una mujer de ascendencia campesina indígena que prepara la organización agraria más fuerte del país, es asesinada al final de la novela. Ahora se trabaja en desarrollar una trama policial, política y de denuncia de la corrupción en la zona occidental.

PARED DEL AGUA
9.            Novela policíaca, de tipo experimental, bastante experimental que protagoniza Valmont Espinoza, un retorcido personaje que ha matado a una mujer casada de la cual se enamoró y negó siempre su asesinato. La novela incursiona por la Psicología y la Filosofía.

ESTACIÓN MADURA
10.       Es un libro de poesía que trata de alejarse del tema político, toma el tiempo y el amor junto al mar como referencias líricas.

DÍAS DE LA PALABRA
11.       Es un libro que recupera la lírica más densa. La poesía barroca como punto de referencia. Es un libro con algunos temas amorosos y existenciales.

TIEMPO DE FRÍO
12.       Libro de cuentos con temas de diversa índole. Francisco Méndez de Guatemala, novelista y periodista, realiza un acercamiento bastante acertado sobre diversos temas y uso del lenguaje en este texto. Es uno de los libros de cuentos que más agrada al lector por el uso metafórico que buena parte de la literatura contemporánea ofrece.

POESÍA DE VANGUARDIA EN CENTROAMÉRICA
13.       Ensayos sobre una aproximación conceptual de vanguardia, la caracterización universal, latinoamericana y centroamericana de la misma, y finaliza con una breve antología de textos poéticos de vanguardia.

ESQUEMA GENERACIONAL DE LA LITERATURA HONDUREÑA
14.       Es un texto que señala la ruta crítica generacional literaria hondureña, precedido de una aproximación teórica sobre la misma, y expone a grandes rasgos los ocho momentos de la literatura nacional, partiendo de la generación de 1774, que inicia con el neoclasicismo.

PROLEGÓMENOS HACIA UN ESQUEMA GENERACIONAL DE LA LITERATURA HONDUREÑA
15.       Es un ensayo sobre toda una conceptualización teórica en relación a estudios literarios, concepto de literatura, crítica, historia literaria y esquema generacional. Es el discurso de ingreso a la academia hondureña de la lengua.

RELÁMPAGO QUE SE DERRAMA
16.       Libro de poesía social dividido en tres partes, la primera se denomina Muros enhiestos en la patria, dedicada a la poesía de resistencia política; Ruido de metal furioso dedicado a la poesía existencial y social; y  Relámpago que se derrama constituido por poemas de largo aliento y referido a distintos temas.

VIRUS DEL OLVIDO Y OTRAS FÁBULAS
17.       Es un texto de fábulas que imprime una nueva textura estilística fabulesca, desde la época de Luis Andrés Zúniga hasta nuestros días.

  
LIBROS DE TEXTOS ACADÉMICOS EDITADOS COMO ANTOLOGÍAS:

1.      Español general
2.      Redacción general
3.      Técnicas de Lectura
4.      Laboratorio de Ortografía y Gramática, compilación.
5.      Breve antología didáctica del cuento Hondureño
6.      Manual de Literatura Hondureña.


Pared del agua o la culpabilidad compartida

Helen Umaña

En 2008, Galel Cárdenas publicó Pared del agua, novela policíaca que incursiona sobre un problema muy complejo: explicar la naturaleza del mal e inquirir sobre el funcionamiento de la mente criminal. Valmont Espinoza está preso en una cárcel estatal bajo la sospecha de ser el asesino de Sally, una mujer a quien decía amar. Juan Pablo Castel, su vecino de celda, le facilita el manuscrito en el que confiesa por qué mató a María Iribarne. Al relatar su propia historia, Valmont, un enfermo de personalidad escindida, sigue el patrón de conducta observado en Castel (el célebre personaje de la novela El túnel de Ernesto Sábato):[1] forma de conocer y seguir a Sally; sospechas de otro(s) amantazgo; despliegue de posibilidades diversas en aspectos que se relacionan con ella y exaltación expresiva y posesiva al externar su amor.

Sin embargo, pese a que las personalidades son semejantes, en Pared del agua hay diferencias fundamentales. Sally nunca fue su amante (Iribarne sí, en el caso de Castel). Valmont la acosa en forma despiadada (llamadas telefónicas escatológicas y denigrantes; envío de objetos portadores de un mensaje agresivo como el gato negro con las vísceras de fuera que deja en su casa…), al extremo que ella se siente desprotegida y al borde de un peligro inminente. Valmont, más que un impotente sexual, es un necrofílico que arrastra el recuerdo de una infancia desintegrada. Mediante los cambios de voz y vistiéndose como Sally asume personalidades diversas para dramatizar sus conflictos. En lo onírico o en la proyección imaginaria canaliza el deseo y la obsesión. Contrariamente a Castel, quien, de motu propio, se entrega a las autoridades policiales, él niega sistemáticamente su participación en el asesinato, dilucidado por la perspicaz investigación de tres detectives. Del habla de Valmont, un fragmento que refiere sus pesadillas y una plática imaginaria con Sally:

Ya ves, cielo, cómo te dejaron esos criminales. Te aseguro no haber sido yo tu ejecutor. Ya te di información de mis actividades esa noche. Creo que al llegar a casa después del baño y tomar las pastillas del caso, me fui durmiendo. Luego empecé a padecer las pesadillas irrepetibles. Recuerdo mi actividad onírica: estoy subiendo un muro, lo hago ayudado por una cuerda tensa que es una serpiente. Ella se mueve lentamente con sus escamas lustrosas y oscuras, pero verdosas. Afuera no hay una luz clara, la luz es difusa. El silencio tiene patas de araña venenosa. Trato de subir primero halando mi cuerpo con las manos férreamente agarradas a la cuerda viva. (…) En el vértice del muro hay vidrios colocados en línea recta para evitar el escalonamiento de los delincuentes. Los vidrios silban y se convierten en alacranes que dejan una baba tufosa a cieno podrido. (…) no sé si fue un ratón el que vi como relámpago gris saltar del lavamanos a la estufa, su ruido también fue minúsculo. Creo que el ratón al caer sobre la cocina dijo: “Es el miedo una función del mal, pero la perversidad es un acto maldito”. Vi claramente que se rió mostrando sus dientes puntiagudos en el refilo de la luz tenue. (43-44).

Aunque por momentos sobre todo al principio de la exposición el tono abstracto, quizá demasiado académico,[2] le resta fluidez expresiva a la obra, lo más relevante de ésta descansa en el abordaje, desde planos eminentemente teóricos, de distintas facetas del mal. Merteuil Paz, un estudiante de filosofía, novio de la amiga de Sally, después del asesinato, le dedica una conferencia en la que partiendo de la metáfora que da título a la novela revisa conceptos con relación al ser y la apariencia; la esencia y el fenómeno; el mal y sus manifestaciones; las relaciones entre el bien y el mal; las condiciones mentales dentro de las cuales se realiza un crimen; Dios y el mal, etc. Veamos el cariz de las reflexiones:

El demoníaco es un ser sonámbulo que está despojado de la revelación, o sea está incrustado en el secreto, la sombra y la clandestinidad. Si el bien es diáfano, el mal es oscuro, angustioso, mezquino.

(…) Pudiera suceder que la perversión (quitar vidas por doquier) se exprese en innumerables matices, a veces sutiles, casi microscópicos; la neurastenia, lo cólera, la rabia, el rencor, el odio, hasta la hipocresía. Sin embargo, también el placer del mal contiene una demonicidad pronunciada a través de las locuras sinceras, aparentes, como una manifestación de la perversidad. Para el malvado no existe rayo o trueno capaz de angustiarle. La única angustia capaz de hacerle temblar es la imposibilidad de no hacer el mal. Y he aquí que la libertad juega un rol especial, el rol de la liberación, porque el haschichin, necesita el mal para su sustento, sin él no puede vivir. La libertad es la liberación del mal. No ser malvado es ya la libertad, ser malvado es la esclavitud, pero para el haschichin los conceptos están puestos al revés, la esclavitud es su libertad.

 (…) Un haschichin neurasténico, un haschichin rabioso, constituyen el ser modelo de la maldad. Un haschichin callado, prudente, tímido sólo representa la máscara del monstruo que explota por dentro.

 El haschichin malo es un ser que perjudica, encargado de producir perjuicios contra el prójimo. Algunos creen que el mal es un ser necesario para la armonía universal, así lo piensan los estoicos.

 (…) Pero el maleficio va con el hombre, es inherente a su existir, a su acción; algunos creen que el mal es un error de Dios, otros creen que es una prueba; que si Dios hizo todo, la totalidad, en ella venía el mal, la enfermedad, el gusano de la manzana.

 (…) Los criminales de toda laya desearían dominar la sociedad en la anarquía, el desorden y el libertinaje, para ello alimentan con sangre el potro de sus correrías. De la adhesión individual pasan a la acción colectiva, a la organización, al comando de células, en grupos, en bandas.

 El mal, la perfidia, se erigen como un quebrantamiento de la fe debida. La fe en la solidaridad. La fe en el ser del bien, en esa corroboración de que al corazón le pertenece la perfección del amor y no la oscuridad del odio, fe que se debe para la vida, para la esperanza y no la quiebra de esa confianza, en su acción que se vuelve hábito del mal obrar, del mal hacer, del mal exceso.

 (…) Como ven continuó el mal es no sólo una entelequia sino una acción que sirve para dañar a los amigos y compañeros de viaje.
 Esta actitud de la perversidad puede semejarse a la pared del agua, en primera instancia, porque sirve para albergar tanto sentimiento cruel, pero a la vez, como el agua porque puede penetrar muchos intersticios de otros seres humanos que, a veces, sólo necesitan un aire leve para caer en el abismo. La pared del agua refleja como una metáfora lo que tiene la maldad por su propia naturaleza.

 Hay casos en la vida cotidiana que nos lanzan a creer que el maleficio es una condición de ciertas almas algunas veces enmascaradas. Almas que han preferido el camino tortuoso de la maldad para satisfacer sus entrañas. Almas que han preferido el camino tortuoso de la maldad para satisfacer sus entrañas. (…) almas que no tienen interés en el sufrimiento de quien recibe la perfidia que causa dolores intestinales. Almas que no ven otra luz sino la de su rencor,la de su odio, la de su necesidad de transferir al amigo, pariente o conocido, su deseo de destrucción. Para ellas no existe solidaridad en el amor, beneficio, bondad, abrazo, ternura. (109-118).

Pared del agua inscribe dentro de la corriente posmoderna de la literatura latinoamericana que ha vivificado el antiguo esquema de la novela policial cuya acción central se convierte en el motivo o factor desencadenante de la reflexión ensayística sobre la naturaleza del mal. El hecho de que a Valmont se le caracterice siguiendo el modelo sabatianoincluso insertando fragmentos de la novela El túnel— indica que, para Cárdenas, el modus operandi de las mentes predispuestas al crimen sigue patrones similares. Asimismo, que el Valmont-ratón (y la equiparación simbólica con el ratón habla por sí misma) y Merteuil Paz (un hombre solidario y cuyo apellido es muy significativo) reflexionen sobre el mal y la perversidad, en cierta forma, los equipara, establece puntos de contacto.[3] Valmont, en varias oportunidades alude a la dualidad de su espíritu. Por esta razón inventa, en sí mismo, la existencia de dos entidades: «El ser de abajo era de un modo, el ser de arriba era de otro, yo los identificaba como Serab y Serrar» (31). Uno lo impulsa «a la perversidad, otra a lo sublime» (30). La especialista encargada de elaborar el diagnóstico psicológico de la personalidad de Valmont no lo condena en forma absoluta y ve aspectos positivos en él (143). A este nivel, yéndonos a estratos más profundos, la obra plantea la una condición existencial en la cual tanto el bien como el mal se reparten una parte alícuota en cada ser humano. Por otra parte, el mal no sólo se manifiesta cuando hay derramamiento de sangre. El fragmento citado ofrece un listado de las abiertas o encubiertas maneras de matar diariamente al prójimo, al próximo, se dice en otro momento. Inclusive, en el predominio del mal, no sólo tiene responsabilidad quien realiza el acto reprobable. Merteuil es explícito: « ¿Quién comete el crimen? ¿El que hunde un cuchillo en la humanidad de su congénere? ¿El que permite y observa el acto de realización?» (105).[4] No obstante las máscaras ad hoc que convenientemente nos coloquemos, nadie puede alegar inocencia.
21 de abril de 2009.



[1] Este detalle no obedece a una determinada influencia de Sábato sobre el autor. Es Valmont quien decide imitarlo: «Para imitar su obra, su confesión, he decidido reelaborar mi confesión (…)». Galel Cárdeas, 2008: 49. En citas posteriores sólo se indicará, entre paréntesis, el número de la página.
[2] Leemos: «De manera que todo objeto tiene una figura latente interna y captable, en su sentido léxico más original: speciesnotio y genus. La forma es parte de la apariencia, y determina la materia para ser algo.»;«Haschichin [el asesino] o se arrepiente o no se arrepiente, o mata o no mata, o ejecuta o no ejecuta = P ó Q. Para él no han alternativa en tanto posibilidad, sus ojos vendados miran a través de la oscuridad; pero su oscuridad es roja, hemoglobinamente hablando. Para el haschichin no hay mañana; todo es hoy. La alternativa demoníaca es señalada por la “o” en alemán “oder” y “enweter”; en inglés “either” y “or”; en ruso “ili” y “neto”; en latín “ve” y “aut”; esta disyunción “o” es lo que obliga a la determinación del mal, lo negativo, la nada.» (103, 110-111; cursivas, del autor).

[3] Valmont, inclusive, posee «Diccionario sobre la Maldad Humana» (137).
[4] El epígrafe de una de las partes del libro apunta a la responsabilidad compartida en la generación de un delito. Dice: “¿Ha pensando alguna vez que un delito tan personal como un asesinato pudiera ser obra de tantas manos?”. Edward D. Hoch (52).