GONZALO FERNANDEZ DE OVIEDO
LIBRO VII
Capítulo XIV
De las piñas, que llaman los cristianos, porque lo parescen; la cual fructa nombran los indios yayama, e a cierto género de la misma fructa llaman boniama, e a otra generación dicen yayagua, como se dirá en este capítulo, non obstante que en otras partes tiene otros nombres.
Hay en esta isla Española unos cardos, que cada uno dellos lleva una piña (o, mejor diciendo, alcarchofa), puesto que, porque paresce piña, las llaman los cristianos piñas, sin lo ser. Esta es una de las más hermosas fructas que yo he visto en todo lo que del mundo he andado. A lo menos en España, ni en Francia, ni Inglaterra, Alemania, ni en Italia, ni en Secilia, ni en los otros Estados de la Cesárea Majestad, así como Borgoña, Flandes, Tirol, Artués, ni Holanda, ni Gelanda, y los demás, no hay tan linda fructa, aunque entren los milleruelos de Secilia, ni peras moscarelas, ni todas aquellas fructas excelentes que el rey Fernando, primero de tal nombre en Nápoles, acomuló en sus jardines del Parque y el Paraíso y Pujo Real, en la cual fué opinión que estaba el principado de todas las huertas de más excelentes fructas de las que cristianos poseían; ni en la Esquiva Noya del duque de Ferrara, Hércoles, metida en aquella su isla del río Po; ni la huerta, portátil en carretones, del señor Ludovico Esforza, duque de Milán, en que le llevaban los árboles, cargados de fructa, hasta la mesa y a su cámara. Ninguna déstas, ni otras muchas que yo he visto, no tuvieron tal fructa como estas piñas o alcarchofas, ni pienso que en el mundo la hay que se le iguale en estas cosas juntas que agora diré. Las cuales son: hermosura de vista, suavidad de olor, gusto de excelente sabor. Así que, de cinco sentidos corporales, los tres que se pueden aplicar a las fructas, y aun el cuarto, que es el palpar, en excelencia participa destas cuatro cosas o sentidos sobre todas las fructas e manjares del mundo, en que la diligencia de los hombres se ocupe en el ejercicio de la agricoltura. Y tiene otra excelencia muy grande, y es que, sin algún enojo del agricultor, se cría e sostiene. El quinto sentido, que es el oír, la fructa no puede oír ni escuchar; pero podrá el letor, en su lugar, atender con atención lo que desta fructa yo escribo, y tenga por cierto que no me engaño, ni me alargo en lo que dijere della. Porque, puesto que la fructa no puede tener los otros cuatro sentidos que le quise atribuir o significar de suso, hase de entender en el ejercicio y persona del que la come, y no de la fructa (que no tiene ánima, sino la vegetativa y sensitiva, y le falta la racional, que está en el hombre con las demás). La vegetativa es aquella con que crescen las plantas, y todas las cria-turas semejantes; la sensitiva es aquel sentimiento del beneficio o daño que rescibe; así como regando o limpiando e escavando los árboles e plantas, sienten el favor e regalo, e medran e crescen, e olvidándolos, o chamuscando, o cortando, se secan e pierden. Dejemos esta materia a los expertos, e tornemos a lo que quise decir.
Mirando el hombre la hermosura désta, goza de ver la compusición e adornamento con que la Natura la pintó e hizo tan agradable a la vista para recreación de tal sentido. Oliéndola, goza el otro sentido de un olor mixto con membrillos e duraznos o melocotones, y muy finos melones, y demás excelencias que todas esas fructas juntas y separadas, sin alguna pesadumbre; y no solamente la mesa en que se pone, mas, mucha parte de la casa en que está, seyendo madura e de perfeta sazón, huele muy bien y conforta este sentido del oler maravillosa e aventajadamente sobre todas las otras fructas. Gustarla es una cosa tan apetitosa e suave, que faltan palabras, en este caso, para dar al proprio su loor en esto; porque ninguna de las otras fructas que he nombrado, no se pueden con muchos quilates comparar a ésta. Palparla, no es, a la verdad, tan blanda ni doméstica, porque ella misma paresce que quiere ser tomada con acatamiento de alguna toalla o pañizuelo; pero puesta en la mano, ninguna otra da tal contentamiento. Y medidas todas estas cosas y particularidades, no hay ningún mediano juicio que deje de dar a estas piñas o carchofas el principado de todas las fructas. No pueden la pintura de mi pluma y palabras dar tan particular razón ni tan al proprio el blasón desta fructa, que satisfagan tan total y bastantemente que se pueda particularizar el caso sin el pincel o debujo, y aun con esto, serían menester las colores, para que más conforme (si no en todo, en parte), se diese mejor a entender que yo lo hago y digo, porque en alguna manera la vista del letor pudiese más participar desta verdad. Non obstante lo cual, pornéla, como supiere hacerlo, tan mal debujada como platicada (lám. 2.ª, figura 10) ; pero, para los que esta fructa hobieren visto, bastará aquesto, y ellos dirán lo demás. Y para los que nunca la vieron sino aquí, no les puede desagradar la pintura, escuchando la lectura; con tal aditamento y protestación, que les certifico que si en algún tiempo la vieren, me habrán por desculpado si no supe ni pude justamente loar esta fructa. Verdad es que ha de tener respecto e advertir, el que quisiere culparme, en que aquesta fructa es de diversos géneros o bondad (una más que otra), en el gusto y aun en las otras particularidades. Y el que ha de ser juez, ha de considerar lo que está dicho, y lo que más aquí diré en el proceso o discante de las diferencias destas piñas. Y si, por falta de colores y del debujo, yo no bastare a dar a entender lo que querría saber decir, dese la culpa a mi juicio, en el cual, a mis ojos, es la más hermosa fructa de todas las fructas que he visto, y la que mejor huele y mejor sabor tiene; y en su grandeza y color, que es verde, alumbrado o matizado de un color amarillo muy subido, y cuanto más se va madurando, más participa del jalde e va perdiendo de lo verde, y así se va aumentando el olor de más que perfetos melocotones, que participan asaz del membrillo: que éste es el olor con que más similitud tiene esta fructa; y el gusto es mejor que los melocotones, e más zumoso.
Móndase alrededor, e hácenla tajadas redondas, o chullas, o como quiere el trinchante, porque en cada parte, al luengo o al través, tiene pelo e gentil corte. En estas islas todas, es fructa cual tengo dicho, y muy común, porque en todas ellas y en la Tierra Firme, las hay; y como los indios tienen muchas y diversas lenguas, así por diversos nombres la nombran. A lo menos en la Tierra Firme, en veinte o treinta leguas, acaesce haber cuatro o cinco lenguas; y aun eso es una de las causas principales porque los pocos cristianos en aquellas partes se sostienen entre estas gentes bárbaras.
Dejemos esto para en su lugar, e tornemos a esta fructa de las piñas o alcarchofas. El cual nombre de piñas le pusieron los cristianos, porque lo parescen en alguna manera, puesto que éstas son más hermosas e no tienen aquella robusticidad de las piñas de piñones de Castilla; porque aquéllas son madera, o cuasi, y estas otras se cortan con un cuchillo, como un melón, o a tajadas redondas mejor, quitándoles primero aquella cáscara, que está a manera de unas escamas relevadas que las hacen parescer piñas. Pero no se abren ni dividen por aquellas junturas de las escamas, como las de los piñones.
Por cierto, así como entre las aves se esmeró Natura en las plumas con que viste a los pavos de nuestra Europa, así tuvo el mesmo cuidado, en la compusición y hermosura desta fructa, más que en todas las que yo he visto, sin comparación, e no sospecho que en el mundo hay otra de tan graciosa o linda vista. Tienen una carnosidad buena, apetitosa e muy satisfactoria al gusto, e son tamañas como melones medianos, e algunas mayores, e otras mucho menores, y esto causa que no todas las piñas (aunque se parescen), son de un género o sabor. Algunas son agras, o por ser campesinas e mal cultivadas, como por ser el terreno desconviniente, o porque en todas las fructas acaesce ser mejor un melón que otro, y una pera que otra, y así de todas las demás, y por el consiguiente, una piña hace gran ventaja a otra piña. Pero la buena, no tiene comparación con ella otra fructa en las que yo he visto, habido respecto a todas la cosas que he dicho, que consisten en ella.
Bien creo que habrá otros hombres que no se conformen conmigo; porque en España y otras partes del mundo, unos porfían que los higos son mejores que las peras, e otros que el membrillo es mejor que el durazno e las peras e higos; e otros que las uvas mejor que los melones y las otras que he dicho. E así, a este propósito, cada cual es más inclinado a su gusto, e piensa que el que otra cosa dice, no lo siente tan bien como debría. Pero dejadas sus sectas o aficionados paladares (que aun éstos pienso yo que son tan diferentes como los rostros humanos de los hombres unos de otros), si sin pasión esto se juzga, yo pensaría que la mayor parte de los jueces serían de mi opinión con esta fructa, aunque como menos della que otro. Torno a decir que es única en estas cosas juntas: en hermosura de vista, en sabor, en olor; porque todas esta, partes en un sujeto o fructa, no lo he visto así en otra fructa alguna.
Cada piña nasce en un cardo asperísimo y espinoso, y de luengas pencas muy salvaje, e de en medio, de aquel cardo, sale un tallo redondo que echa sola una piña, la cual tarda en se sazonar diez meses o un año; e cortada, no da fructo más aquel cardo, ni sirve sino a embarazar el terreno.
Podrá decir alguno que, pues es cardo, porque no llaman alcarchofa esta fructa. Digo que en mano fué de los primeros cristianos que acá la vieron, darles el un nombre o el otro. Y aun de mi parescer, más proprio nombre sería decirla alcarchofa, habiendo respecto al cardo e espinos en que nasce, aunque paresce más piña que alcarchofa. Verdad es que no se parte totaliter de ser alcarchofa, ni de las espinas, porque en la coronilla, encima de la pina, nasce e tiene esta fructa un cogollo áspero, e adórnala mucho en la vista. E algunas tienen, allende dese, otro, e algunas, dos e más de tales cogollos junto al pezón donde ella está pegada con el tallo del cardo e nascida. Y para plantar otros cardos e piñas, estos tales cogollos son la simiente o subcesión desta fructa; porque, tomando aquel cogollo que la piña tiene encima (o cualquiera otro de los que están pegados al pezón della), e híncanlo en tierra dos o tres dedos en fondo, dejando descubierta la mitad del cogollo, luego prende muy bien, y en el discurso del tiempo que he dicho, hácese otro tal cardo cada cogollo, e da otra piña tal como he dicho. Las hojas deste cardo quieren parescer algo a las de las zabiras, salvo que éstas son más luengas e más espinosas, e no tan gordas o corpulentas. Esta fructa sería en más tenida, si no hobiese tanta abundancia della.
Las piñas de Tierra Firme tengo yo por mejores e mayores que las destas islas.
No se tiene esta fructa, después que acaba de madurar, de quince o veinte días adelante; mas, el tiempo que está sin se corromper e podrir, es excelente. Puesto que algunos la condenan por colérica, yo no sé deso lo cierto; mas sé que despierta el apetito, e a muchos que por hastío no pueden comer, les restituye la gana para ello, e les da aliento e voluntad a se esforzar a comer, e repara el gusto. Su sabor más puntual, o a lo que más quiere parescer, es al melocotón, e huele, juntamente, como durazno e membrillo; mas ese sabor tiénele la piña mezclado con una mixtión de moscatel, e por tanto, es de mejor sabor que los melocotones.
Sólo un defecto le atribuyen algunos, por el cual no agrada complidamente a todos gustos; y es que el vino, aunque sea el mejor del mundo, no sabe bien bebido tras la piña, e si así supiera como sabe con las peras asaderas, u otras cosas que con el beber tienen aprendido los que son del vino amigos, fuera única a su parescer de los tales. E creo que ésta es la causa por qué acá no están bien algunos con ésta fructa. Ni tampoco sabe bien el agua bebiéndola tras la piña; y esto que a algunos paresce tacha e grand dificultad, me paresce a mí que es excelencia y grand privilegio para darla a los hidrópicos e amigos del beber.
También digo que la carnosidad desta fructa tiene sotiles briznas, como las pencas de los cardos que se comen en España, pero más encubiertas, mucho, al paladar, e de menos empacho o estorbo en el comerla, y por esto no son útiles a las encías e dentadura cuando se continúan a comer muy a menudo.
En la Tierra Firme, en algunas partes, los indios hacen vino destas piñas, e tiénese por sano; e yo lo he bebido y no es tal como el nuestro con mucha parte, porque es muy dulce, e ningún español ni indio lo beberá teniendo del de Castilla, aunque el de España no sea de los muy escogidos vinos.
Dije de suso que estas piñas son de diversos géneros y así es verdad, en especial de tres maneras. A unas llamanyayama; a otras dicen boniama; e a otras yayagua. Esta postrera generación es algo agra e áspera, e de dentro blanca e vinosa. La que llaman boniama, es blanca dentro, e dulce, mas algo estoposa. La que llaman yayama, es algo, en su proporción, prolongada, e del talle de la que aquí he pintado; e las otras dos maneras o géneros de quien he hablado, son más redondas. Así que, esta última dicha yayama es la mejor de todos; e de dentro, es la color amarilla escura, y es muy dulce e suave de comer, e de quien se ha de entender lo que está dicho en loor de aquesta fructa. En algunas partes hay de las unas e de las otras, salvajes, que se nascen por sí en el campo en grandísima moltitud. Pero las que se labran e cultivan, son mejores sin comparación, e reconoscen bien el beneficio del agricultor, e son más delicadas.
Algunas se han llevado a España, e muy pocas llegan allá. E ya que lleguen, no pueden ser perfectas ni buenas, porque las han de cortar verdes e sazonarse en la mar, y desa forma pierden el crédito.
Yo las he probado a llevar, e por no se haber acertado la navegación, e tardar muchos días, se me perdieron e pudrieron todas, e probé a llevar los cogollos e también se perdieron. No es fructa sino para esta tierra u otra que, a lo menos, no sea tan fría como España. Verdad es que el maíz, que es el pan destas partes, yo lo he visto en mi tierra, en Madrid, muy bueno en un heredamiento del comendador Hernán Ramírez Galindo, aparte de aquella devota ermita de Nuestra Señora de Atocha (que ya es monasterio de frailes dominicos). Y también lo he visto en la cibdad de Avila, como lo dije en el capítulo primero deste libro VII; pero en el Andalucía, en muchas partes, se ha hecho el maíz, e por eso soy de opinión que se harían estas piñas o cardos, llevando los cogollos que he dicho, puestos, y de tres o cuatro meses presos acá en estas partes.
HISTORIA NATURAL DE LAS INDIAS OCCIDENTALES
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