Yo no digo patria
Sino mi casa
La plenitud del verde
Que tenían los pinos en mi infancia
Yo no digo patria
Sino las tantas veces que he sido niño
Bajo la sombra de los árboles
o en medio del vocerío feliz
de los pájaros cantores
o encima de una roca inmensa
como el mundo
que endulzaba
mis mareas interiores
o debajo de los puentes rústicos de madera
o sumergido
en las muchas aguas del algún riachuelo
Yo no digo patria
Sino las calles mi pueblo
el perdurable rostro de sus piedras
enraizadas hace mucho en la memoria
y en el ritmo de mi andar
Yo no digo patria
sino mi madre
y su voz resonando
palpitando
en el eco profundo de mis oídos:
sus gritos
sus regaños
sus ansias desbocadas
y su imagen de la espera en mi retina
Yo no digo patria
sino las aguas
las aguas de todos los torrentes
la sonoridad particular de la lluvia en los tejados
el retumbar del río en la hondonada
la estampida furiosa de las corrientes
que se juntan en busca
de su perdido mar antiguo
y van al encuentro
de las aguas más profundas
y saladas
sin alejarse nunca del hondo límite
de la patria que todos llevamos dentro
yo no digo patria
sino las gentes
los millones de rostros
de las multitudes olvidadas
y no la multitud sin rostro
la ciega masa que avistan
desde lejos los desarraigados
yo no digo
formas y colores
o símbolos nomás
sino las canciones de la infancia
el repicar de las campanas
los días de fiesta con sus mojigangas
y sus solemnes alboradas
al son de una bullanguera banda
y el estruendo de los cohetes de vara
y las carreras de bombas
y demás sortilegios patronales
yo no digo patria
sino los frondosos guanacastes
sus extendidas ramas
su sombra vasta
tan noble como la de una casa
Para mí los recios robles
en la serranía pedregosa
Y los altos pinos odoríficos
levantados
como astas
de banderas victoriosas
son la patria
Yo no digo patria
Sino el sólido olor de las vacadas
O el agradable olor del café tostado
Adueñándose de la tarde
Y del paladar de mi padre y de todo el vecindario
O el penetrante olor del tabaco que se desplaza
En medio de la noche a través de los tapiales
Yo no digo patria
Sino el recuerdo de un tren alejándose
en la llanura costera
cargado de plátanos y gentes
y que aún resuena en mis oídos
y me acompaña en los días
más cálidos y húmedos…
La Libertad, Comayagua en 2005
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